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martes, 17 de enero de 2017

Camino a Birikuta

Camino a Birikuta es un peregrinar poético por la trayectoria de los huicholes. Empecemos de nuevo: Camino a Birikuta es la crónica del viaje emprendido cada año por los huicholes hacia Wirikuta. Viaje que es acompañado por soberbias imágenes exuberantes, contundentes:

En esa laguna de éter navegan el hongo y el peyote,
                                                     -mecanismos arcaicos
                                                                     para sondar el cosmos
                      por un túnel psicodénico (sic)
                                                     abierto
                                                     por extraños númenes-.

En el inicio del poemario, “Tau”, Jorge Antonio García Pérez (Progreso de Obregón, Hidalgo, 1956) realiza un doble registro: lo que sucede y lo que experimenta, misma técnica que continuará a lo largo de 76 páginas. Birikuta recibe a los peregrinos, pero deben llegar purificados:

Precisamos corazones limpios         de toda mancha
                                                                     de toda mala intención
                                                                     de todo mal pensamiento

El tono de García Pérez es la voz de las cientos de voces que transitan los espacios, las fronteras, los trayectos. Con lo cual nos invita a revisar la cosmovisión de esta ancestral cultura. La obra fue merecedora del Premio de Poesía Efrén Rebolledo 2006.


García Pérez, Jorge Antonio: Camino a Birikuta, México, Consejo Estatal para la Cultura y las Artes Hidalgo-Fondo Estatal para la Cultura y las Artes Hidalgo-Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2008, 76 p.

lunes, 28 de noviembre de 2016

El canto del hombre y Arcillas tras el viento

Sin lugar a dudas el canto es una actividad fundamental para el hombre. Todos, en alguna ocasión de nuestras vidas no hemos podido resistirnos a, al menos, tararear, alguna melodía, e incluso, inventarla. Nicolás Tolentino Jiménez canta su trayecto. El cual inicia en la tierra, como el árbol. Inicio que se hace presente con la palabra: la palabra asigna existencia: “Nombrar para nombrarlo todo, todo…/color, forma, ritmo y movimiento/luz, música solar en equilibrio.”

El inicio, el principio, en flor: “Yo vengo de escuchar voces del río/he sonado la piedra de tambor”. Después es creación, transformación. El fuego, como segundo elemento, da sentido al orfebre. De ahí surge el arma. Pero el fuego va más allá de la belicosidad y cacería. El fuego está presente en todas partes: “Tú, construiste los puertos marinos/Tú, transformaste las parras en vino/Tú, le diste son al yung (sic) y al martillo/Tú, eres la competencia de los hombres/Tú, eres lo más hermoso: Las Mujeres/Tú, llenaste de culpas las conciencias/Tú, le diste la fuerza a la soberbia.”

Luego la carne, la carne sola: “Ser todo, sin ser nada en el silencio/as de remordimientos sin descanso/buscando su refugio en el cruel vino/Ser voz sin decir lo que se siente/Ser la soledad, siempre soledad…” Todo el tránsito que nos convida Jiménez tiene su preámbulo en Dios, en la locura, en la muerte, en el hombre. Pasando por la campana y la serpiente.

La búsqueda del canto en ocasiones se vuelve sórdida. Con una estructura muy rígida. La obra adolece de un trabajo de edición. Errores de ortografía y tipografía desafortunadamente marcan y disminuyen la fuerza de algunos versos: “Te invito a juntar frutos, haber (sic) cuál es/mejor recolector”.


JIMÉNEZ, Nicolás Tolentino: El canto del hombre, México, Editorial Anguiano, 1990, 37 p.



La segunda obra que refiero, pero primera en publicarse, es Arcillas tras el viento. Igual que Canto del hombre, el trabajo de edición no existe. En sus páginas podemos encontrar los primeros esbozos de lo que será, posteriormente, la poesía de Jiménez:

Ayer fluvial
hoy lluvia
mañana agua

Los poemas son más breves que en el texto anterior, También coinciden en la estructura a partir de cantos. Confieso que este tipo de poesía me atrae poco, aunque hay versos que brincan del texto: 

En tu espalda está escrita la historia
de noches de fuego...
allí donde los siglos tejieron las arcillas
allí, donde palpita el beso de la espiga
relámpago atrapado en tu vagina.

JIMÉNEZ, Nicolás Tolentino: Arcillas tras el viento, México, Edición del autor, 1987, 78 p.

martes, 18 de octubre de 2016

Llego sin necesidad

Llego sin necesidad es un poemario que lanza las palabras como dagas: precisas, incisivas, directas. Laura Sánchez Solorio (Zamora, Mich, 1981) va a la melancolía para saber que el recuerdo es sólo un instante:
Llego sin necesidad
ni punto de partida
a un aquí
donde no soy
ni recuerdo

me extravío

ausente-presente
fantasma soy

Los sentidos explotan en sus versos. La lengua es un majar: “exquisitos panes de dios/de dulce y leche”. La adjetivación es precisa, contundente. Las imágenes poéticas se traman y lanzan chipas de humor, juego de palabras: “no de la corriente/de fulanito de tal/¿de sal?” Y desde luego la necesidad de no sabernos extraños: “sabes que hay pasos que no daremos solos”.


Sánchez Solorio, Laura: Llego sin necesidad, México, Ediciones de Medianoche, 2008, 64 p. 

martes, 28 de abril de 2015

El hombre acecha / Cancionero y romancero de ausencias

Miguel Hernández es uno de mis poetas favoritos. Condición que se ve afectada, seguramente, por los pocos rasgos que conozco de su vida. Este volumen recoge dos de sus últimas obras.

El hombre acecha, del cual algunos poemas datan de 1937, es el canto desgarrado de la guerra, pero también la voz de la esperanza. Su viaje a Rusia y el impacto que causó en el poeta la industrialización soviética quedan plasmados en sus versos.

Me gustan los poemas "Los hombres viejo", en su primera parte y "El herido", en su segunda parte, musicalizada e interpretada por Serrat con el título de "Para la libertad".

De la segunda obra puedo decir que encuentro un tono que va de lo festivo a lo impotente. Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, quienes tuvieron la edición bajo su responsabilidad, identifican los primeros poemas como el duelo por el deceso de su primer hijo.

De mis predilectos están el 4 ("Tus ojos parecen"), 5 ("En el fondo del hombre"), 8 ("¿Qué quiere el viento de encono?"), 14 ("Llegó tan hondo el beso"), 16 ("Cuerpo del amanecer"), 18 ("Cada vez que paso"), 19 ("El corazón es agua"), 21 ("Por las estaciones"), 22 ("Cada vez más presentes"), 25 ("Llegó con tres heridas"), 26 ("Escribí en el arenal"), 29 ("Ausencia de todo veo"), 30 ("¿De qué adoleció..."), 31 ("Tan cercanos y a veces"), 38 ("Trucos de soledad"), 39 ("Todas las casas son ojos"), 40 ("El amor ascendía entre nosotros"), 45 ("¿Qué pasa?"), 47 ("La vejez en los pueblos"), 48 ("Llueve. Los ojos se ahondan"), 50 ("Mi casa contigo era"), 52 ("Todo está lleno de ti"), 53 ("Callo después de muerto), 57 ("Tristes guerras"), 59 ("Menos tu vientre"), 60 ("Beso soy, sombra con sombra"), 62 ("La boca"), 66 ("Después del amor"), 68 ("La cantidad de mundos"), 73 ("Todas las madres del mundo") y desde luego, 74 ("Las nanas de la cebolla").

Esta edición incluye algunos poemas que no aparecen en el cuadernillo original.

La obra de Hernández me parece un buen ejemplo del uso de las figuras retóricas, abundan en ella, ricas, exuberantes, contundentes.

Desde luego que mucho tuvo que ver Serrat en mi gusto por el poeta de Orihuela.

De Luis y Urrutia ofrecen un detallado estudio introductorio a la vida y obra del poeta, lo cual permite otro acercamiento a los textos.



HERNÁNDEZ, Miguel: El hombre acecha/Cancionero y romancero de ausencias, México, REI, 1987 (Letras Hispánicas; 197), 254 p.

miércoles, 16 de julio de 2014

Último Round

Tomo II

Sin duda Julio Cortázar es de esos autores que se disfrutan en cada lectura. Cortázar juega con el lenguaje y provoca al lector a pensar, imaginar, crear. En el segundo tomo de Último Round podemos pasar del desconcierto a lo amoroso en un mismo libro. Textos como "La entrada en religión de Teodoro W. Adorno" o "/que sepa abrir la puerta para ir a jugar", exigen la atención del lector para que identifique la palabra faltante. Otros, como la célebre "Inmiscusión terrupta" es una provocación al sentido del humor y los conocimientos lingüísticos y gramaticales. 

También encontramos en el volumen apreciaciones estéticas, por ejemplo "Salvador Dalí, sin valor adalid". La ternura, el espíritu lúdico, la inteligencia son constantes en cada línea. En el cuerpo encontramos fotografías de Muchik, Antonio Gálvez, Jean-Michel Folon (de quien también hay dibujos), entre otros artistas.

Los poemas son extensiones de algunos fragmentos de Rayuela, de esos que no hay lector que se resista a subrayar: "Poema", "Dios de los cuerpos", "Empiezas la magia...", son el botón de muestra. Aconsejo al lector poco familiarizado con el autor, que se disponga a ingresar en un estilo que lo atrapará.

CORTÁZAR, Julio: Último Round, tomo II, 15a. ed., México, Siglo XXI Editores, 2001, 283 p. 


lunes, 11 de octubre de 2010

El geranio, su voz, su voto y la paleta de diez colores nuevos de Otto-Raúl González


Conocí a Otto-Raúl González allá por 1996. Habíamos concertado una cita en un café cercano al lugar donde asesinaron a José Francisco Ruiz Massieu en 1994. Debo confesar que poco sabía de él y de su obra. Fui acompañado de Indalecio Rivera Serrano. Ambos éramos integrantes de un grupo llamado “Escritores y Artistas Unidos e Independientes”. Íbamos con la encomienda de entrevistarnos con el vate guatemalteco para negociar y solicitar que escribiera el prólogo para la publicación de una antología que se llamaría Cerca de lluvia. La antología vería luz años después, aunque no con los aspirantes a poetas originales. El prólogo nunca se concretizó.

Ese día nos obsequió su poemario Voz y voto del geranio, una edición sencilla, pero fundamental dentro de la literatura guatemalteca. González (Guatemala, enero 1 de 1921-Ciudad de México, 23 de junio de 2007) perteneció al Grupo Acento-Generación. El geranio como una metáfora del proletariado, como un símbolo de éste: “Pues la tierra es de todos y de nadie/el geranio se propaga por la tierra;/pues la luz es de todos y de nadie/el geranio mora e la luz;/pues el agua es de todos y de nadie/el geranio vive en el agua; pues el aire es de todos y de nadie/el geranio se desplaza por el aire…” (“Residencia”).

Menciona Marco Vinicio Mejía en el prólogo de esta edición la historia de la primera publicación del poemario el 1 de septiembre de 1943: “Voz y voto del geranio fue dado a la estampa en los talleres de la Unión Tipográfica. La edición fue pagada con los aportes pecuniarios de Augusto Monterroso, Carlos Illescas, Guillermo Noriega y del autor”. Sólo un año después saldría exiliado a México, donde realizaría una encomiable labor diplomática, literaria y académica.

Conservo el ejemplar en cuestión con una bella pero frustrada dedicatoria: “Para los poetas Eduardo Cámpech (sic) e Indalecio Rivera que empiezan a desplegar sus alas y que seguramente van a volar muy alto en el firmamento lírico de México. Cordialmente, su amigo Otto-Raúl. Enero de 1996”. Corrijo, la frustrada fue la carrera poética de los aludidos, al menos la de este servidor.

Con Diez colores nuevos, la historia es distinta en lo que se refiere a su adquisición y al impacto que me provocó su lectura. No recuerdo a ciencia cierta cómo llegó a mis manos pero lo agradezco infinitamente por dos cosas: una, es uno de mis libros de poesía favoritos y dos, dudo que se consiga actualmente.
La cuarta edición del poemario en cuestión inicia con una carta-poema firmada por Jorge Saldaña. Me hacía ruido la repetición del verso “¡De la buena suerte! ¡Y de la buena suerte! ¡Y de la buena suerte!” tres veces en tres estrofas del poema. Pero no era ruido. Páginas más adelante descubrí que era la descomposición de la palabra en el prisma de González para regalarnos diez colores bellísimos.

El espectro queda conformado por enirio, orjuz, anab, anadrio, dunia, gaorín, yemalor, vainumio, tuang y aíf. Con ellos González elabora el lienzo poético mezclando técnicas plásticas con la terrible realidad y su espejo que son las bondades de la vida.

El color de la metamorfosis es enirio (“También podría darnos una vaga idea del color enirio/la pequeña campana de los floripondios,/pero estas joyas no se ven de cerca/porque producen sueño,/o bien, el primer bozo que le sale a los melocotones,/al sol melocotón de las seis de la mañana,/a los hombres cuando dejan de ser niños/y a las doncellas cuando sienten/su primer desarreglo.”). El color más mortal es el orjuz (En el color orjuz el mundo se contempla/pues también es el color de la muerte.”). Un color melancólico es sin lugar a dudas el anab (“El anab es el color de los actos impuros,/el color de las azucenas pisoteadas,/el color de las moscas que vuelan/sobre la boca de los moribundos”). El color anadrio es el de ¡la buena suerte!, porque el verlo propicia un cambio favorable de manera radical. No comentaré los demás colores para que les de un vistazo ya sea por el libro o por la siguiente liga: http://rancholasvoces.blogspot.com/2007/07/poesa-dos-poemas-de-otto-ral-gonzlez.html

Elías Nandino dijo en torno al libro: “Recibí y leí su libro Diez Colores Nuevos. Un esmerado oficio, un rejuvenecido lenguaje y un diluvio de esbeltas imágenes forman este nuevo arco iis que inventa. Y le aseguro que lo gocé porque lo vi y no entre líneas sino detrás de mis propios ojos.”
 
Que estos dos libros, nunca se maticen de color aíf: “Aíf el niño que al nacer/elimina la flor que le dio vida,/aíf el niño y el poema póstumos,/aíf la joven que no tuvo besos,/aíf el libro que no fue leído…”

González, Otto-Raúl: Voz y voto del geranio, Guatemala, Editorial Cultural, 1994, 35 p.

González, Otto-Raúl: Diez colores nuevos, México, 4ª ed., Federación Editorial Mexicana, 31 p.

lunes, 23 de agosto de 2010

La noche de la muñeca




¿Quién siendo un infante no llegó a temer la llegada de la noche? Esa noche donde habitan las pesadillas y los juguetes adquieren vida propia dejando de ser divertidos para convertirse en amenazas. En noches donde las imploraciones nunca sobran: "Que los párpados no pesen/que no acabe la canción".

Ana Romero (México, D.F. 1975) nos pone los pelos de punta a lo largo de una noche de espanto. En un poema de "doce horas y tres suspiros", la luna llena es un ojo hambriento, la muñeca arrumbada es una reina tenebrosa, dispuesta a atacar al niño que tiene un tambor en lugar de corazón. Las horas comienzan a transcurrir a partir de este acontecimiento. El avance del reloj trae consigo nuevos seres: el fantasma de la azotea, el garabato.

La muñeca, en tanto jerarca, encabeza el terrorífico ataque. Los fantasmas se multiplican desde la azotea y el garabato desea tener la luna llena o el ojo espía de debajo de la cama. La muñeca quiere venganza de los malos tratos recibidos durante el día: "Busca rondas que le alegren el murmullo/husmea en juegos y jugantes/quiere Niños para desconchabarles la/manita/que sean muchos como ella." La desesperación por que la noche termine y la esperanza del nuevo día convergen en la mente del niño. Los miedos aflojan y se materializan. La imaginación infantil tiene mucha fuerza cuando de espantos se trata.

Romero nos quiso compartir una historia de espanto, pero contada de manera diferente, con ritmo y musicalidad. Excelente texto para leerse antes de dormir en voz alta a los niños. Las sensaciones que provocará serán exquisitamente terribles. Las ilustraciones de Juan Pablo H. Gázquez complementan perfectamente la trama. Un libro digno de compartir junto con los miedos.

Romero, Ana: La noche de la Muñeca: Una noche de espanto en doce horas y tres suspiros, México, conaculta, 2008, 56 p.