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martes, 16 de enero de 2018

Harry Potter y la cámara secreta

Harry Potter vuelve. En esta segunda entrega J. K. Rowling continúa las aventuras del mago en Hogwarts. La trama de los enfrentamientos entre el bien y el mal en un marco escolar se enriquece con algunos matices de suspenso: descubrir qué hay en la cámara secreta si es que existe. Además aparecen nuevos personajes y objetos: Dobby, el elfo; el auto volador, arañas y serpientes gigantescas, fantasmas dolientes, el sauce boxeador, Fawkes.

Entre algunos aspectos que llaman la atención está la de las cartas que hablan. Esto puede ser, además de imaginación, una reminiscencia a las primeras correspondencias en la época clásica de Roma y Grecia. Por otra parte, la inscripción en la cámara de los secretos recuerda a la que aparece en el infierno de la Divina comedia de Dante. Además, las constantes apariciones de seres originarios de diversas mitologías son un buen pretexto para adentrarse en ellas y conocer un poco más de mitos del mundo. Al igual que en el primer título de la saga, hay varios elementos susceptibles de ser utilizados para desarrollar ejercicios de escritura creativa. Un ejemplo de ello son las pócimas.


Rowling, J. K.: Harry Potter y la cámara secreta, 8ª. ed., Barcelona, Salamandra, 2001, 286 p.

martes, 28 de noviembre de 2017

Harry Potter y la piedra filosofal

Hace quince o dieciséis años acudí a la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil. En varias conferencias hicieron alusión o mencionaron a Harry Potter. No lograba saber a qué se referían. Existía una enorme brecha entre sus palabras y mis referentes. En el primer recorrido que realicé por la Feria, observé que Harry Potter era un fenómeno editorial. Es así como me hice de los tres primeros títulos de la saga. Mi esposa los devoró y solicitó que adquiriera los restantes. Así es como llegó este maguito a habitar el multifamiliar que son mis libreros.

En lo posible evité ver las versiones cinematográficas (a excepción de las dos últimas) con la finalidad de que las imágenes creadas fueran lo más propia posibles. Pero la mercadotecnia y el constante bombardeo mediático hicieron que fuera poco menos que imposible. De tal manera que las siguientes líneas corran el riesgo de aludir o mencionar aspectos que ya fueron abordados hasta la saciedad. Es de este riesgo donde surge una propuesta de lectura: ubicar, con calendario en mano, las fechas en las cuales se presentan episodios y eventos dentro de la obra. Otra vertiente es hacer una revisión de las mitologías mundiales.

Una más es la generación de escritura a partir de los denominados “puntos indeterminados”. Por ejemplo: El capítulo tercero de Harry Potter y la piedra filosofal, “Cartas a nadie”, brinda la posibilidad de estudiar, pero principalmente, producir textos epistolares. Harry recibe correspondencia de un remitente desconocido. Si invirtiéramos los papeles, podríamos hacer que los chicos envíen cartas a un destinatario cualquiera: el peatón que va por la calle, la persona que siguió el globo, el pasajero que dio con un sobre en el transporte público. ¿Qué contarían los adolescentes? Lo que quieran. El reto es que inicien una conversación y que estén dispuestos a compartir lo que ello quieran: características y costumbres de su comunidad, gustos, fobias, anhelos. La dificultad primordial estaría en responder la pregunta: ¿qué le digo al otro abstracto, al desconocido?

En secundaria, uno de los temas lo constituyen los elementos paratextuales. ¿Y si aprovechamos y los chicos escriben, editan y confeccionan alguno de los libros que le solicitan a Harry para su ingreso en Hogwarts? Opciones hay muchas. En Harry Potter y la piedra filosofal, en el capítulo quinto “El callejón Diagon”, hay algunos títulos. En Harry Potter y la cámara secreta, toda la obra del profesor Gilderoy Lockhart. La ladrona de libros también puede nutrir de títulos. ¿De qué tratan estos libros, cuál será su índice, sus ilustraciones?

Rubén Ávila Alonso, instructor de la Dirección General de Bibliotecas de la Secretaría de Cultura del gobierno federal, propone en su taller “Destino de héroes”, incluido dentro del manual Voces jóvenes en tu biblioteca pública una analogía de lista de útiles escolares a la que presenta Rowling. Esto es, si a Potter le solicitaron calderos, varita mágica, sombrero, ¿cuáles serán los “útiles escolares” que pedirían en una escuela de choferes de transporte público, de plomeros, de policías, de maestros, de bibliotecarias, etc.? En el primer ejercicio está implícita la escritura creativa, en éste el pensamiento creativo.

Finalmente, en Harry Potter y la piedra filosofal, hay un momento, en el trayecto hacia Hogwarts, en que aparecen estampitas de magos. Como esas estampas de beisbolistas o futbolistas que coleccionan los chicos. Esta es una buena oportunidad para conocer la biografía de los alquimistas y científicos de la química (sin que ello implique que la actividad se circunscriba a estos dos ámbitos). La investigación, la creatividad, el juego estarían puestos para la producción de sus propias estampas, las cuales –previa coordinación entre docentes- podrían intercambiarse con alumnos de otro salón, e incluso, otra escuela. Si aprender es más fácil cuando el proceso es significativo y tiene emoción, creo que estas son algunas ideas que pueden aportar un halo de frescura a las clases.


Rowling, J. K.: Harry Potter y la piedra filosofal, 9ª. ed., Barcelona, Salamandra, 2001, 254 p.

viernes, 11 de marzo de 2016

Cartero

Cartero es la primera novela de Bukowski. En ella, a través de su alter ego: Chinaski, narra las pericias que experimentó durante su paso por la oficina de correos de Los Ángeles.

Bukowski usa un lenguaje directo, crudo, sin ornamentos para compartir episodios llenos de humor e irreverencia. Reflejo inverso del "american dream", Chinaski se toma la vida con calma. Dicen algunos estudiosos de la psicología: la deja fluir. No se inmuta ante el abandono de la pareja, el desempleo, la vida cómoda. Se revela y putea a la autoridad.

Me gusta el texto para lectores desenfadados, divertidos. Me gusta para iniciar en la lectura a quien busque diversión.

BUKOWSKI, Charles: Cartero, Barcelona, Anagrama, 1993, 192 p.

martes, 20 de enero de 2015

Diablo Guardián

Xavier Velasco (México, 1964) inicia su novela dejando abierta la presentación de los personajes. Están pero no sabemos cómo son. Se habla de Pig y Violetta. Sólo un dato, el de Rosa de Alba Rosas Valdivia, su edad, veinticinco años. Y un indicio de que puede ser Violetta. Ésta nos compartirá su vida, con un lenguaje coloquial, con el descaro que atrapa en la narración.

Velasco hace de Pig su alter ego. Mediante el personaje plasma frases en torno a la escritura, al acto de escribir, revisar, romper, borrar. Escribir como un acto de develarse ante el lector. Por eso "Escribir para nadie y para nada: fue así como aprendió a hacerse invisible." La referencia a Faulkner, mediante su "detector", está explicada por el mismo texto: "es preciso poseer un detector de mierda, innato y a prueba de golpes". Hay que revisar severamente y con ojo crítico, cada uno de nuestros textos. (Capítulo 3: El huérfano invisible).

La noción de puta que construía Violetta, a sus escasos catorce años, me recordó otra novela. Ésta de Raquel Sevilla: De chica quería ser puta. La maldad de este personaje viene de familia. Las circunstancias sólo le ayudaron a moldear esquemas. El universo de Pig se va configurando: El descubrimiento de las drogas, nuevas amistades que comparten aficiones, la incógnita de la Sopa. Violetta detesta las apariencias, principalmente aquellas construidas por su familia. Conocedora de su doble poder de seducción (dinero -cordero de oro, fin primario y último de su hedonismo- y senos desarrollados), no duda en usarlos cuando la situación lo exige. Vive el presente. El futuro es un albur.

El predecible y esperado encuentro entre los personajes se da. Rosalba tiene a su Diablo Guardián, su piedra en el zapato, el sustituto de Superman, la perdida de su libertad. El azar es convergencia en el devenir de Pig y en el de Violetta. La emoción se ve aderezada con humor. Los juegos de palabras que ha hecho el autor son geniales y divertidos. Hubo un momento en que Violetta me resultó desesperante, pero al final me simpatizó. Tal y como ella misma reconoció, estaba atrapada en su propio juego. En un principio me recordó a Eusebio Ruvalcaba, pero con el transcurso de la historia, Velasco mostró más reflexión y un sello propio.

VELASCO, Xavier: Diablo Guardián, México, Punto de Lectura, 2010, 529 p.

lunes, 6 de octubre de 2014

Ana Karenina

Durante muchos años evadí su lectura. Confieso que el grosor me daba pereza. Fue mediante el grupo virtual de lectura, en Facebook, "Corre, lee y dile". Más allá de este visible dato, sólo sabía de él, como referencia, por las clases de Español en la Secundaria (a las cuales, por supuesto, no ponía la atención necesaria). Es así como el título se grabó en mi memoria. 


Publicada como folletín de la revista Ruskill Véstnik (El mensajero ruso), Ana Karenina se convertiría en una obra maestra de la literatura universal. Wikipedia consigna, al menos, diez adaptaciones cinematográficas.

Se dice que Tolstoi la comenzó a escribir en medio de una crisis moral e intelectual. Inicia con una sentencia lapidaria: ''Todas las familias dichosas se parecen entre sí, del mismo modo que todas las desgracias tienen rasgos peculiares.''

La primera parte nos plantea las siguientes historias: la infidelidad de Oblonsky a Dolly; la declaración de amor, mal correspondida, de Levine a Kitty; el enamoramiento encausado de ésta a Wronsky y la seducción de este último ante la belleza de Ana Karenina, la cual, parece, será el eje del argumento.

Estamos frente a una de las máximas exponentes del realismo (reflejo de la realidad). En estas primeras páginas, Tolstoi deja entrever la fe cristiana que entonces profesaba. La lectura, en general, es relativamente ligera. Ojo con los diversos nombres utilizados indistintamente por el autor. También encontramos algunas voces rusas (Semstevo, isvostchiks, muijiks, lapti) y otras más en italiano, inglés y latín.

Es admirable la capacidad de Tolstoi para retratar con palabras una escena. Así ocurre cuando Grincha juega con el botón de Dolly mientras ésta le lee. Un acto intrascendente para la historia, pero que sirve para decir, implícitamente, mucho. Por otro lado, el texto sacude estereotipos personales. Por alguna razón, siempre concebi a la Rusia del siglo XIX, muy distante de Europa. El texto me resalta mi error. 

Como anticipadamente lo dejaba ver el autor, mediante las sospechas del padre de Dolly, Kitty se ha quedado como el perro de los dos huesos. Wronsky sucumbió al encanto de Ana, y ésta a la gallardía de aquél. Tolstoi nos describe una aristocracia superficial e hipócrita. Observamos cómo el hablar de la vida de otros es tema de conversación desde hace varias décadas. Sin embargo, el sentido común de algunos también hace acto de presencia: ''Que estemos libres de semejantes sombras no quiere decir que tengamos derecho a juzgar los actos ajenos.''


Por otro lado, las miradas y la cercanía entre Ana y Wronsky no pasan desapercibidas para Alejo Alejandrovich. Le duele la posible traición de su esposa, pero más le duele el qué dirán. En las antípodas de esta postura está Levine, hombre humilde por convicción: ''Si soy feliz es porque me contento con lo que tengo y no me apeno por lo que no puedo lograr.'' En esta parte, también, encontramos el enfrentamiento de las visiones del mundo urbana y rural. Tan universal como las pasiones humanas.

¡Qué sutileza y elegancia del autor para referir la consumación del amor entre Ana y Wronsky: ''Lo que para Wronsky había constituido últimamente el único objeto y la única ambición de su vida, ambición que sustituía con ventaja a todos sus anteriores anhelos; lo que Ana se le había antojado algo imposible, y, por eso mismo tan subyugador como un sueño lleno de suprema felicidad; todo esto se había realizado para ambos por fin.''

Hay dos confesiones cruciales en esta parte. Ambas emanadas de la boca de Ana: una a Wronsky y la otra a Alejo. El capítulo XXIII es trepidante por sí mismo. La conversación entre Dolly y Levine propicia que la primera ponga el dedo en la llaga del segundo. Ignoro si en alguna otra obra literaria de la época se exprese tan claro y contundente la desigualdad entre las manifestaciones amorosas de los géneros, como la sentencia expuesta por Dolly: "Ustedes puede escoger libremente a la que aman, mientras que la mujer ha de esperar a que un hombre se diriga a ella. Ellas tienen también sus sentimientos y sus predilecciones, pero no los pueden manifestar."

Alejo Alenjandrovich está herido en su orgullo de hombre y de macho. La posibilidad de un duelo es eso: una posibilidad que en nada cambiará las cosas ("palo dado..."): "el hecho de que yo provocara el duelo no me devolvería la honra..." La carta que envía a Ana, no sólo busca "salvarla", sino mostrarse generoso con ella.

Nuevamente vemos una burguesía desdeñosa y superficial (el momento en que Dolly se dirige a Tania en francés -en presencia de Levine- y la exigencia de que la niña responda en el mismo idioma, o la queja de aburrimiento de Elsa Mercalova). Por otro lado, Wronsky encuentra en el príncipe el fiel reflejo de su personalidad. Aparece un personaje, que por la charla que sostuvo con Wronsky, puede ser importante para futuros acontecimientos: Serpujovsky. Creo que la escena crucial de la tercera parte es cuando Wronsky y Alejo se encuentran en la casa del segundo.

Hasta ahora me cuesta trabajo otorgar mi simpatía o antipatía por alguno de los personajes. Las palmas se las ha llevado Tolstoi. Las relaciones matrimoniales de los Karenina buscaban ocultar lo que ya muchos sabían o sospechaban. La encomienda con el príncipe imposibilitó que Wronsky viera a Ana. Esa necesidad propicia que los Alejos se encuentren, frente a frente, en casa de Alejandrovitch. La salida más inmediata es el divorcio, pese al qué dirán y pese a sus creencias religiosas.

Ana cuenta a Wronsky un sueño perturbador y Alejo debe aceptar la invitación en casa de Arcadievitch, con todo lo que ello implica. En dicha reunión se vuelven a encontrar Levine y Kitty. El juego de adivinar las frases es un reto extra para el lector que quiera asumirlo. Ana enferma. Levine y Kitty se comprometen. La intolerancia de Ana por Alejandrovitch crece: ''Sí, le odio por su abnegación, por la pureza de su alma.''

En la cuarta parte encontramos los claroscuros de la vida: por un lado, el triángulo fatal de Alejo-Ana-Wronsky (con los nubarrones de tragedia que envuelve la trama) y por otro, el amor de Kitty y Levine (con la ansiedad e inseguridad del primero). Hay un personaje que parece conducirse con cálculo y frialdad: Esteban Arcadievitch. 

Durante gran parte de este segmento me pareció una narración lenta. Los requisitos eclesiásticos que tenía que cumplir Levine fueron solventados. Llama la atención su condición, por llamarla de algún modo, de comunista-católico ortodoxo. Levine me causa desesperación. Su inseguridad lo lleva al extremo de pensar en suspender la boda, ¿acaso no era eso lo que más anhelaba? La estadía de Ana y Wronsky en Italia, es el marco donde el segundo reparó en que sus expectativas de estar con la amada fueron mayores que la realidad. Todos los encuentros con el pintor Mijailov fueron, a mi gusto, somnolientos.

Por otro lado, la exigencia de Kitty para acompañar a Levine en la visita a Nicolás y la actitud de Ana ante actos intrascendentes de Wronsky, son ejemplos de un amor asfixiante. Supongo que era el ideal de la época. El deceso de Nicolás fue penoso y dramático, no obstante su actitud hacia el sacerdote y el último sacramento es un gesto de gratitud a Kitty.

Según mi juicio, la historia vuelve a tomar dinamismo cuando Ana le envía la epístola a la condesa Lidia. El autor refiere que Alejandrovitch ''no estaba tranquilo. No se enteraba de lo que leía y no podía apartar de su mente las dolorosas reminiscencias del pasado. Un recuerdo le mortificaba especialmente: el de la forma en que había recibido la confesión de infidelidad de Ana cuando regresaba de las carreras. Lo que más le abochornaba era haberse limitado a exigirle que guardara las apariencias en vez de desafiar a Wronsky. También le atormentaba el recuerdo de aquella carta que había empezado a escribirle, y el de su inútil perdón, y el de sus desvelos por aquella criaturita que no era hija suya; todo esto le producía una insoportable sensación de vergüenza.'' ¿Vergüenza con él mismo, con la sociedad, con su escala moral? Vergüenza con su proceder, sin duda: recto, inflexible. Alejandrovitch es producto de una infancia dura, misma que exhibe en los momentos comunes con Sergio. El segmento concluye con las dudas de Ana, la añoranza de ésta por su hijo, el arrebato de emprender su encuentro. Ana, que hasta ahora ha mostrado un carácter firme y que lo mismo enfrenta la descalificación social, que rompe paradigmas se enfrenta a su propia frontera: el amor a Wronsky.

La sexta parte tiene en común la inseguridad de Levine (por Kitty) y de Ana Karenina (por Wronsky). La visita a la finca de Esteban y Dolly, además del galante Weslowsky incomodan un tanto a Levine. Weslowsky no pierde oportunidad en ser seductor, no sólo con Kitty, es su forma de vida, misma que comparte con Esteban: "¿Por qué no si esto es una diversión para ti? Ça ne tire pas à conséquence. Mi mujer no sufrirá ningún daño por esto y yo habré pasado un buen rato. Lo que no debe uno dejar de hacer es respetar al santuario del hogar. La casa es sagrada. Pero fuera de ella no hay que dejarse atar las manos."

El fragmento donde van de cacería me recordó Los Santos Inocentes. Levine actuó pensando en él, y no en los demás, como muchos de los personajes. Veo en Dolly una tenue envidia hacia Ana. Ésta hizo lo que quiso, sin importarle nada. Dolly, en su momento, se dejó convencer por su cuñada. Para Dolly su matrimonio ha sido un sacrificio, así lo expresa a sí misma en el camino a casa de Wronsky y Ana. Estamos en un momento de transformación del agro ruso: la tecnificación, de ahí las constantes referencias a la implementación de maquinaria agrícola.

Contrario a las damas de aristócratas que se aburren tremendamente, Alejo Wronsky no tiene tiempo para ello. Las labores del campo lo absorben. Sigue imperando en la mayoría de las relaciones "lo políticamente correcto", como muestra la pregunta que calla Dolly ante Ana, en torno al apellido de la niña.

La séptima parte es de gran emoción. Hay un momento donde Ana manifiesta, a mi juicio, un amor propio mezclado con soberbia, autocompasión y generosidad, es cuando habla con Levin: "Diga usted a su esposa que siento por ella el mismo afecto que cuando la conocí, y que si no me puede perdonar a causa de mi situación, le deseo que nunca me perdone, ya que, para perdonarme, habría que pasar por lo que yo he pasado, y eso no se lo desearé jamás." Hay un momento en que los celos y la inseguridad de Ana me exasperaron, al grado de recordar alguna frase de mi pasado: "Todas las historias de amor tienen el germen de historias de odio". El parto de Kitty me trajo a la mente el cuento de "La Tona", de Francisco Rojas González. Ana reacciona como algunos de nosotros (encabezo la lista): recordamos discusiones de hace siglos. La determinación de Ana se anuncia con antelación, sin embargo, teniendo el antecedente de la Cuarta Parte, es un juego que hace el autor.

La ocatava parte rompe con el vértigo de la narración. Si bien, Wikipedio menciona que Ana Karenina está inspirada en la hija de Dostoievsky, también se sabe que la obra fue escrita después de una crisis. Por ello no me resulta extraño todo el planteamiento teológo-filosófico con el que acaba.

TOLSTOI, León: Ana Karenina, Barcelona, Editorial Sol 90, 2002, 651 p. (Biblioteca de la Literatura Universal).

jueves, 8 de mayo de 2014

La historia de O

La Historia de O, además de ser un texto erótico, es una historia de amor. No del amor romántico que a muchas lectoras y lectores seduce. Éste, el de la novela, es un amor donde la protagonista, O, se realiza en el placer del otro. Ella es, en la medida que cumple un propósito utilitario sexual del otro. Lo mismo si es René -en primera instancia- o Sir Stephen, después.

Es amor porque O decide, elige, estar ahí. De manera dócil acepta que René la condujera a Roissy. Lo que acontece en el trayecto es un abrir de boca para el torrente erótico que impregna la obra. Lo que continúa no es para todos los lectores, no es fácil enfrentarse a las filias, ni a las fobias.

Hay quienes denotan determinada resistencia ante la trama, pero más frente a las descripciones: exquisitas, dicho sea de paso. O es sometida a prácticas sádicas, orgiásticas, fantasías culposas para unos, esperanza para otros, usos y costumbres deleznables para el resto. Durante la historia el lector, en más de una ocasión, se preguntará por qué acepta O ese trato. No olvidemos que en gustos se rompen géneros. La introducción escrita por Jean Paulhan, titulada "La dicha en la esclavitud", fundamentada en la extraña revuelta caribeña da respuesta, o pretende darla a tal cuestionamiento.

Quien vibra con Cincuenta sombras de Grey debería echar una mirada a Historia de O, posiblemente descubra que se puede estremecer con algo que no se pensó.

RÉAGE, Pauline: Historia de O, 5a. ed., España, TusQuest, 1993, 207 p. (La sonrisa vertical; 35)


miércoles, 26 de marzo de 2014

Los relámpagos de agosto

Utilizando como marco referencial el Maximato, Jorge Ibargüegoitia plantea su al Maximato desde su irreverente punto de vista. Narrada a manera de memorias del General de División José Guadalupe Arroyo, identificamos durante la trama esos lugares comunes emanados de la institucionalización partidista: "En este puesto podré colaborar de una manera más efectiva para alcanzar los fines que persigue la Revolución"; la nece(si)dad de salir en la foto, la mitomanía, el cinismo, el corporativismo, la riqueza rápida, la megalomanía del poder. De igual manera, el guanajuatense delínea lo que será el político mexicano de principios del siglo XXI: "Yo no acostumbro a leer, sin embargo, cuando viajo, hojeo el periódico". 

La narración en primera persona le confiere un hálito de veracidad. Asimismo los capítulos concluyen con finales contundentes. Un reto como lector sería identificar a los personajes históricos aludidos en la narración.

IBARGÜENGOITIA, Jorge: Los relámpagos de agosto, México, Joaquín Mortiz, 1994, 192 p. (Obras de Jorge Ibargüengoitia).


jueves, 19 de septiembre de 2013

Los miserables

Cuando un maestro o maestra de Español o Literatura me piden les sugiera un título "con valores", "con mensaje", automáticamente me dice que no lee literatura.

Es decir, las obras maestras de esta arte se caracterízan por ello: la presencia de valores (y antivalores) que dan credibilidad a la personalidad de protagonistas y antagonistas.

Cuando un maestro o maestra de Español o Literatura me piden les sigiera un título "con valores", "con mensaje", de ahora en adelante, les recomendaré Los Miserables de Victor Hugo (Besanzón, Francia, 26 de febrero de 1802-París, Francia, 22 de mayo de 1885).
¿Vale la pena contar, por enésima vez, el argumento de esta historia, quizá más vista que leída? No. Basta agregar que Hugo nos presenta a flor de piel la misería -en todas sus connotaciones- humana. Que podría darnos vergüenza que seguimos padeciendo -e incluso, corrigiendo y aumentando- los mismos vicios y las mismas mezquindades que él sitúa en el siglo XIX. O, tal vez, podríamos resignarnos y pensar que, finalmente, así somos.

Hay quienes hablan de héroes (en el sentido moderno del término) de la literatura. Creo que Jan Valjan es, sin duda, uno de ellos.

Por otro lado, la personalidad y obstinación  de Javert por cumplir su deber raya en lo enfermizo. Sin embargo, en condiciones por las que atravieza nuestra nación, en materia de seguridad, bien valdría la pena tener un centenar de ellos.

Los Miserables es una obra maravillosa, recomendada para quien guste de la historia europea, francesa en particular, las aventuras y los argumentos adictivos.

HUGO, Victor: Los Miserables, España, Folio, 1999, 424 p. (t. I) 431 p. (t. II), (Grandes Obras de la Literatura Universal).


lunes, 26 de agosto de 2013

Rayuela

Para muchos, Rayuela es un libro entrañable, y por lo mismo, inolvidable. Julio Cortázar (Ixelles, Bruselas, Bélgica, 26 de agosto de 1914-París, Francia, 12 de febrero de 1982) pone en juego no sólo la imaginación, sino la inteligencia y el sentido lúdico del lector. Tal vez sea por eso mismo que no es un texto accesible para todos.

Cortázar nos ofrece, de entrada, dos maneras de leer su novela. El primero de ellos es el covencional, es decir, como se lee cualquier libro, de la página 3 o cuatro hasta el final. De esta forma se leería hasta el capítulo 56.

La segunda modalidad es por saltos, iniciando en el capítulo 73, después el 1, luego el 2. El autor nos facilita un mapa para guiar estos brincos.

De tal manera que la historia de amor entre Oliverio y Lucía (La Maga) nos trasladará a París, a sus puentes y cafés. La novela tiene mucho de poesía y es aquí donde encontraremos varias de las inmortales frases de Cortázar: "Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos."

La relación de Lucía y Oliverio es la relación de muchas personas: tolerancia políticamente correcta, necesidad del otro, incompatibilidad de caractéres.

La segunda parte, leyendo con la modalidad convencional, vuelve a Oliverio a Buenos Aires. El reencuentro con Traveler y el juego de seducción de Talita atrapan la atención.

Siempre que leo literatura, no dejo de pensar el por qué del título. En ocasiones, como ésta, el mismo texto hace alusión o lo nombra. Aquí "rayuela" es el juego del "avión" o "bebeleche". Pero creo que obedece más a esos saltos que damos en la historia, con el riesgo de caer. Saltamos de capítulos, de continente, de relaciones, de estados de ánimo, de lenguajes.

Con la finalidad de entender mejor los escenarios, la música de fondo (el jazz), y la geografía, durante la lectura me auxilié de herramientas de la web (Wikipedia, Google Maps, Youtube).

Espero, próximamente, poder leer la opción que ofrece Cortázar.

CORTÁZAR, Julio: Rayuela, México, Punto de Lectura, 2012, 728 p. 

lunes, 19 de agosto de 2013

Diario de Greg 4: Días de perros

En esta cuarta entrega encontramos a un Greg sufriendo las vicisitudes veraniegas.
Greg pensó que esas vacaciones, ahora sí, serían espectaculares. Sin embargo, jamás consideró que la visita a la piscina, previa invitación de Rowley, sería el comienzo de otro verano terrible, en compañía de la familia. Jeff Kinney explota el éxito de su saga. Manteniendo el mismo estilo, repitiendo la receta, logra cautivar a aquellos adolescentes reacios a leer. Debo reconocer que a pesar de que el autor plantea un humor soso, hay episodios -e ilustraciones- que arrancan la carcajada del lector. Para leer esta entrega no es necesario remitirse a las anteriores. El formato, la trama y la redacción (todas compartiendo la sencillez) lo permiten.

KINNEY, Jeff: Diario de Greg 4. Días de perros. México, Océano-Travesía, 2001.

miércoles, 17 de julio de 2013

El extranjero

El extranjero es de esas obras que había escuchado y sabía quién la escribió, pero nunca la había leído. Albert Camus (Mondovi, Argelia, 7 de noviembre de 1913-Le-Pettit Villeblevin, Francia, 4 de enero de 1960) plantea un juego desde el título de la obra.

En el primer capítulo somos testigos de la frialdad con que asume, el señor Meursault, la muerte de su madre. Esta actitud no deja de ser provocadora al lector. En el mismo tenor encontramos sus decisiones de vivir, o no, con alguien, de cambiar de residencia. Parecería que todo le da igual.

Su comportamiento es el de un autómata. He ahí la razón de ser del título. El hecho de ser francés y que la historia se desarrolle en Argelia es la punta que develará el iceberg, un factor de distracción.

Meursault es extranjero, creo, por una actitud hacia la vida. Su indiferencia por ésta alcanza límites insospechados cuando permite que se le juzgue por un crimen que no cometió (motivo distinto Hanna de El lector).

Es escéptico y da lo mismo todo. No expresa ningún sentido de pertenencia. El extranjero puede ser leída como obra filosófica.

CAMUS, Albert: El extranjero, Barcelona, Ediciones Altaya, 1995, 118 p. (Biblioteca de Premios Nobel; Albert Camus 1957)

jueves, 11 de julio de 2013

La Metamorfosis

Esta es de las múltiples obras de las cuales tengo algún referente, a pesar de no haberlas leído. Creo que para profundizar un poco más en la obra sería de mucha valía leer o conocer más a fondo la biografía del autor, o en su obra, en particular Carta al padre. Kafka la escribe a los veintinueve años, edad parecida a la del protagonista, Gregorio Samsa. Después del sueño intranquilo, despierta convertido en un insecto (el cual a pesar de no explicitarse que se trate de una cucaracha, ha pasado al imaginario colectivo como tal). Sin embargo, más allá de preocuparse por su apariciencia y brusca transformación, su atención va dirigida hacia la hora que es y la consecuente perdida del tren. El inicio, tal como lo dice Jose G. Hernandez Piña, es impactante. El lector es testigo cómo en quizá tres meses las circunstancias familiares se modificaron completamente (ahí observo una doble metamorfosis: la del Gregorio y la que sucede a su entorno (como también se expone en la publicación de Hernández Piña). Tanto la familia como él mismo se deben ir adecuando al cambio y descubriendo sus nuevas capacidades: "Lenta y todavía torpemente, tanteando con sus antenas, que en ese momento le mostraron su utilidad, se deslizó (Gregorio Samsa) hasta la puerta para ver lo que había ocurrido." La vergüenza que la familia siente hacia el hijo, me recordó un lamentable tiempo en que los hijos con Síndrome de Down o parálisis, eran ocultados de la sociedad (tal y como ahora puede suceder con quien no comparte nuestras preferencias sexuales, en algunos casos). El aporte de Benjamín Moctezuma Longoria, me parece muy importane, toda vez que más de una ocasión, en tanto individuos, nos hemos despertado sintiéndonos raros, vaya la expresión coloquial como anillo al dedo: "como cucarachas". Esa metáfora se susceptible y ha sido estudiada desde diveras perspectivas: psicológica, filosóficas, económicas, sociales, culturales, esotéricas (como lo hizo Mario Magadán), y desde luego, textuales. Gregorio asumía la responsabilidad del bienestar y sobrevivencia familiar, propiciándole orgullo, además, consciente de ello, le angustiaba el futuro, su futuro, no como insecto que era, sino como sostén familiar: "<<¡Qué vida tan tranquila lleva mi familia!>>, pensó Gregorio. Mientras su mirada se perdía en las sombras, se sintió orgulloso de haber podido proporcionar a sus padres y a su hermana tan sosegada existencia, en un hogar tan acogedor. De pronto pensó con terror que aquella tranquilidad, aquel bienestar y aquella alegría iban a terminar..." No pude dejar de asociar el texto y vincularlo con "Tiempos Modernos", como bien apunta Ángeles Valle, con quien varias ocasiones comenté ambas obras. Iria Lima comentó algo en torno a las "personalidades impuestas", pues con la responsabilidad de la manutención, a Gregorio, también le transmitieron la idea de que la felicidad de su familia, era su responsabilidad, por ello se sintió culpable de la posible muerte de la madre. He dicho que la familia también se adecuó a las circunstancias, de tal manera, que tuvo que trabajar e incluso alquilar su vivienda, no obstante, se negaban a abandonar la vivienda y hasta más de dos meses después despidieron a la sirvienta. Esto me recuerda a aquellas familias del "tuvo": Mi familia tuvo dinero, mi abuelo tuvo minas, mi abuela tuvo propiedades. La mala relación del autor con su padre queda manifiesta en las manzanas y el bastón. El deseo de que fuera la hermana quien desapareciera, podría ser la expresión del sentimiento análogo que Kafka tuvo hacia sus hermanos Georg y Heinrich. La actitud de la hermana por desaparecer a Gregorio, la concibo como esa actitud que asumimos los "normales", hacia lo "no normal". El desarrollo físico de la hermana, que anunciaba "ya era tiempo de encontrarle un buen marido", es una oportunidad para seguir viviendo de alguien. No deja de ser conmovedor el momento en que escucha a su hermana tocar el violín; ni indignante la reacción de los inquilinos. La Metamorfosis es una obra de lectura inacabada, por ello a partir de sus primeras líneas han surgido nuevos textos, como aquel de Augusto Monterroso, titulado "La Cucaracha Soñadora": "Era una vez una Cucaracha llamada Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha llamada Franz Kafka que soñaba que era un escritor que escribía acerca de un empleado llamado Gregorio Samsa que soñaba que era una Cucaracha." 


Ensayo sobre la ceguera

Esta obra es una maravilla. El estilo de redacción puede causar algunas dificultades para lectores incipientes, sin embargo, como es un reto hermoso. 

Los tres primeros capítulos me hicieron experimentar esa agudización sensorial propia de quienes pierden la vista, algo similar me sucedió al leer El Perfume. Los sentimientos de impotencia, agonía, desesperación, soledad, desamparo y una gran reflexión se apoderan del lector conforme se adentra en la trama. También, en este fragmento, me vinieron a la mente varias intertextualidades: la primera, de una integrante del Círculo Cultural Faroni, Hellén Ferrero, con su minificción titulada "Lógica" ("-No veo nada, querida. -Es natural, querido: acabas de quedarte ciego."). La repentina ceguera de cada uno de los contagiados, paradójicamente, es un mundo de tinieblas níveo (paradoja, asimismo, en la palabra en sí). El confinamiento al que son sometidos, me recuerda más los campos de concentración nazis que un segmento poblacional en cuarentena. Llama mi atención que el Estado no intervenga de inmediato en el estudio de los casos, como si de antemano tuviera conocimiento de cómo actúa el mal. La parte donde la mujer del médico reflexiona en torno a la similitud de los perros con la condición de recluidos, generó en mí dos pensamientos: por un lado, la importancia de la apariencia física como factor de identidad, de nuestra individualidad; y por otro, la sumisión de los demás sentidos al de la vista. La frase "El médico saltó de la cama, la mujer lo ayudó a ponerse los pantalones, no tenía importancia, nadie podía verlo", me lleva a considerar cuánto peso tienen los convencionalismos sociales, que en un momento se convierten en inercia o en situaciones mecánicas. Tan absurdo como que el médico sintiera pudor por estar en ropa interior ante unos invidentes, como muchas de las situaciones que plantea la historia misma. Si bien es cierto que la vista es elemento fundamental, las ocupaciones de las personas que hasta ahora aparecen, pierde sentido sin ver. Finalmente, cuando el ladrón comienza a recapitular en torno a su condición y el posible castigo por hurtar a un ciego, expresando: "Un ciego es sagrado, a un ciego no se le roba", me remontó al cuento "Párabola del joven tuerto" de Francisco Rojas González.

La estructura de la narración es acorde al título del libro. Saramago intercala reflexiones propias de un ensayo, en medio del drama que nos comparte: "si antes de cada acción pudiéramos prever todas sus consecuencias, nos pusiésemos a pensar en ellas seriamente, primero en las consecuencias inmediatas, después, las probables, más tarde las posibles, 

SARAMAGO, José: Ensayo sobre la ceguera, México, Punto de Lectura, 2011, 329 p.

martes, 28 de mayo de 2013

La casa de los espíritus


La historia que nos comparte Allende recuerda en muchos aspectos Cien Años de Soledad. Es difícil no asociar a Rosa con Remedios (ambas bellas, exuberantes y mitológicas). No sé por qué, en un principio (las dos o tres primeras páginas) creí que Barrabás era un loro. La crónica de su llegada deja entrever el control que Clara tenía sobre sus padres, a pesar de la poca edad. Hoy lo conocemos como chantaje, pero no deja de ser divertido el nivel infantil del mismo: "Si me lo quita, le juro que dejo de respirar y muero." La muerte de Rosa, también me parece que tiene tintes macondinos: cuando la nana entra y la invade un olor a rosas (aun cuando no era tiempo de ellas), me trasladó a la muerte de uno de los Buendía, cuando corría sangre por toda la casa. Me sorprendió la aparición de un segundo narrador, la aparición de Trueba como testigo de los actos no era algo que esperara. No sé hasta qué punto lo de Trueba hacia Rosa era amor y hasta dónde capricho, sin embargo, me parece muy poético, de parte de la autora: "Le hable de las caricias que le tenía reservadas, los regalos con que iba a sorprenderlas, la forma como la hubiera enamorado y hecho feliz." Publicado en 1989, es indudable que La Casa de los Espíritus abreva de la tradición narradora de América Latina.

El inicio me remitió al Quijote: "Esteban Trueba cenaba con su hermana Férula la misma sopa grasienta de todos los días y el mismo pescado desabrido de todos los viernes." El episodio del café, además de ser revelador de la manipulación de su hermana, puso a Esteban ante la perspectiva de qué quería para su vida: seguir cobijándose con periódico o ser un individuo adinerado. La desolación y el abandono en que se encontraba Tres Marías ante su llegada, queda todavía más evidente cuando el hombre que lo llevó se ofreció a esperarle. Nadie en su sano juicio querría quedarse ahí. Hay una pequeña apología al lenguaje como indicador de civilización: "Me fui convirtiendo en un salvaje, se me olvidaron las palabras, se me acortó el vocabulario, me puse muy mandón." Me resultó divertido (y real) la capacidad que Esteban desarrolló para perder consigo mismo y aceptar la derrota, sin embargo, eso sólo se presenta en situaciones íntimas, donde nadie lo ve. Porque dentro de la propiedad sigue siendo el patrón. La descripción de las elecciones es demasiado cercana a nuestros referentes, además de la cultura y la historia, nos hermana la desgracia y el infortunio con otros países latinoamericanos.

El título del tercer capítulo, "Clara Clarividente, me hizo pensar en algún capítulo de la serie Mujeres Asesinas. La extraña personalidad de Clara: vidente, con telequinesia, etc., también era alimentada por ese deseo de saber e imaginar, por ello leía todo lo que caía en sus manos. Las historias que se desprenden como ramificaciones del argumento central refuerzan la atmósfera que la autora pretende contagiar. Es por ello que así como, ya lo he mencionado, ideas de Cien Años de Soledad (como referente más inmediato), acude a ella misma. La anécdota de Juan el Pedo, el equilibrista y trapecista, me recuerda a un cuento de la autora donde un tipo regala una función de circo a su amada. Me llama la atención la naturalidad con que la familia Del Valle acepta la propuesta matrimonial de Esteban, sin embargo, trato de explicarla en función del pensamiento liberal que adoptan. También me llenó de curiosidad imaginar (con toda la carga de prejuicios, estereotipos y referentes de la época) el diseño de la ropa interior que le confeccionaron las monjas a Clara. La vehemencia de Esteban en la remodelación de la casa, el movimiento multitudinario de la misma, me llevaron, otra vez, a Úrsula Iguarán. Así como en un principio creí en situaciones lésbicas de Férula, que después se mostró como una falsa hipótesis, me resulto sorprendente el afán seductor de Esteban hacia Clara (¿otra historia tras esta historia?, sí: Quién Como Dios de Eladia González, aunque pienso que González lo tomó de Allende). Este capítulo, en particular, me pareció que tiene algunos elementos muy predecibles: el autodiagnóstico de embarazo de Clara, el nombre de su hija.

La primera frase que llamó mi atención del cuarto capítulo “El tiempo de los espíritus”, segmento es la canción de la vaca lechera. Así como en Cien Años de Soledad salió a relucir el Mambrú que se fue a la guerra, aquí observamos cómo las nanas, los juegos tradicionales y la lírica en general son patrimonio de Latinoamérica. El machismo queda latente en el siguiente fragmento: "Nunca se ha visto que un hombre no pueda golpear a su propia mujer, si no le pega es que no la quiere o que no es bien hombre; dónde se ha visto que lo que gana un hombre o lo que produce la tierra o ponen las gallinas, sea de los dos, si el que manda es él; dónde se ha visto que una mujer pueda hacer las mismas cosas que un hombre, si ella nació con marraqueta y sin cojones, pues doña Clarita". O la afirmación de Esteban: "pero era mi mujer y yo no iba a permitir que me tuviera vergüenza."

Clara vive en su mundo. Es inocente y distraída. Me causa risa la escena donde Esteban "truena" contra las reuniones de su esposa, y ésta sólo pregunta si sabía mover las orejas. Me gustó, me encantó la frase de "cuadernos para anotar la vida". Infiero que entre Esteban y Clara no había mucha comunicación, es decir, no conversaban.

El encuentro de Esteban y Tránsito es predecible. Me gusta el fragmento. Tránsito tiene, ha tenido mucha claridad en torno a lo que desea, social y personalmente. La despedida entre ambos, da fuerza al nombre de ella.

Mi postura ante Clara oscila entre el humor y la desesperación. Sus ocurrencias y la forma de expresarlas denotan (como lo he mencionado) una extraña inocencia, como si sus poderes fueran lo más normal del mundo y así fueran acogidos. Por ello la escena donde encuentran la cabeza de su madre, me parece jocosa por la indicación al chofer: "Hágame el favor, señor, métase allí y páseme una cabeza de señora que se va a encontrar."

Conscientemente no me identifico con Esteban, sin embargo, parece ser que, al igual que yo, percibió otro tipo de relación entre Férula y Clara. La misma voz narradora omnipresente reconoce que "Férula había llegado a querer a Clara con una pasión celosa que se parecía más a la de un marido exigente que a la de una cuñada."

La relación de Blanca y Pedro Tercero comienza a ser el hilo conductor de la trama en los próximos capítulos.

Como buenos amantes románticos, Blanca y Pedro Tercero, establecen un código de comunicación secreto. La aparición repentina de Férula, se inserta en la tradición oral, y literaria, de la despedida de los muertos. Charles Dickens tiene una historia similar, "Segunda historia de fantasmas", y por la misma razón, aunado a las facultades de Clara, es predecible que estamos ante el deceso de Férula. El diálogo de Clara con el cadáver, mientras lo acicala, es bello y exhibe un amor limpio hacia su cuñada (contrario al que Esteban y yo percibimos): "...porque la verdad es que desde que te fuiste de mi lado nunca más nadie me ha dado tanto amor". Esteban sigue al pendiente de las apariencias, el qué dirán, y en esa dinámica, embriagado de poder económico y social, olvida que no todo es dinero: "-¿Por qué vivía así, si le sobraba dinero? -gritó Esteban. -Porque le faltaba todo lo demás -replicó Clara dulcemente." Esta última frase de Clara, me permite ver a una mujer más centrada, incluso con sabiduría. Se sigue pensando superior, por eso no concibe que se relacione a los Trueba con los comerciantes.

Las muertes de su Nana y su cuñada pusieron a Clara, finalmente, frente a su realidad. "El agua apaga el fuego y al ardor los años", reza Joaquín Sabina, y tal parece que el terremoto, sus facultades metafísicas, los cambios de humor de Esteban, hicieron lo mismo que el tiempo. Si buscamos un tema constante en la literatura, quizá sea el de los amores imposibles o con dificultades. La relación de Blanca y Pedro Tercero va adquiriendo esos tintes.

Pese a procrear tres cuatro hijos, Clara nunca le perteneció a Esteban, o al menos así lo percibía él. En sus memorias, sólo le faltaba citar aquel bolero, Amor perdido: "Soy tuya, porque lo dicta un papel". Esteban veía en Clara muchas virtudes, pero ninguna dirigida a él: "Era una mujer caritativa y generosa, ansiosa por hacer felices a los que la rodeaban, a todos menos a mí". Tal vez esperaba una entrega incondicional que se viera reflejada en una constante atención hacia él, en todas y cada una de sus necesidades (a pesar de que las sexuales eran bien identificadas: "Ella sabía dónde estaban mis puntos más sensibles, podía decirme exactamente lo que necesitaba oír. A una edad en que la mayoría de los hombres está hastiado de su mujer y necesita el estímulo de otras para encontrar la chispa del deseo, yo estaba convencido de que sólo con Clara podía hacer el amor como en los tiempos de la luna de miel, incansablemente. No tenía la tentación de buscar a otras." Esta imagen sensual de Clara, me cuesta trabajo encuadrarla en una personalidad como la de ella, a menos que utilizara sus dotes para determinar el ser erótico de su marido. Lo cierto es que Esteban detectaba la incompatibilidad de caracteres: "En realidad, muy pocas veces estábamos de acuerdo en algo."

La aparición del conde De Satigny, a mi juicio, representa esa nece(si)dad de imitar modelos extranjeros. A pesar de las burlas a escondidas que provocaba, los varones siguieron su estilo, o al menos algunos pretendían hacerlo. Porque Trueba sería muy rico y poderoso, pero su ignorancia era proporcional a su opulencia: "Una noche el conde salió a fumar uno de sus cigarrillos orientales, especialmente traídos del Líbano ¡vaya uno a saber dónde queda eso!"
Cómico me resultan las dotes poéticas y donjuanescas de Nicolás, miren que Amanda tiene que corregir y mejorar los poemas que recibe de éste. Conmovedor el sepelio de Pedro García, la descripción de la escena me resulta muy a flor de piel. Aquí hay un dato que reafirma que el terremoto aludido fue el de 1960 y es que "el nuevo candidato del Partido Socialista, un doctor miope y carismático que movía a las muchedumbres", no es otro que Salvador Allende (tío de la autora).

En este mismo capítulo encontramos la culminación del amor entre Clara y Pedro Tercero. Sus encuentros clandestinos son propios de la mayoría de historias de amor. Esteban, denota ingenuidad al creer que la doncellez de su hija está a salvo en los terrenos cercanos a la finca. Clara, como su nombre y su clarividencia, lo tiene más claro. Recapitulando actitudes de Trueba, podría pensarse que le importaba un comino o pasaba a segundo término la virginidad de su hija, no así el qué dirán.

El hecho de que el conde delatara a los amantes, y después huyera, dice mucho de sus pretensiones. Hay una parte de la narración donde se deja entrever que lo que más le interesa es poseer algo de la fortuna Trueba. El machismo de este último nuevamente florece ante su iracunda reacción. Me da la impresión de que la violencia de Esteban hacia Clara, después de descubrir los amoríos de Blanca y Pedro Tercero, era una violencia contenida, un volcán que podría explotar en cualquier momento y éste llegó.

Clara exhibe un valor y una cordura que venía delineando páginas atrás: "-Pedro Tercero García no ha hecho nada que no hayas hecho tú -dijo Clara, cuando pudo interrumpirlo-. Tú también te has acostado con mujeres solteras que no son de tu clase. La diferencia es que él lo ha hecho por amor. Y Blanca también." Aunado a lo anterior, Clara, no sé si a pesar de sus facultades o propiciada por las mismas, mayoritariamente ha sabido qué es lo que quiere. Así, cuando recibe la agresión de Esteban, decide no dirigirle nunca más la palabra y romper los vínculos, pocos, que quedaban con él.

La cacería que emprende Trueba contra Pedro Tercero me parece un episodio emocionante, la autora a través de una minuciosa descripción va creando esa atmósfera de acción.
Nuevamente encuentro capítulos de Cien Años de Soledad: la anunciación de las hermanas Mora, con ese "aroma inconfundible de violetas silvestres", me remitieron a Mauricio Babilonia o la aventura de Nicolás en el globo a un episodio similar de uno de los Buendía, al esperar un aeroplano de Europa (si estoy mal en el personaje, por favor corríjanme). El reinicio de una nueva vida, buscada por Clara, no contempla el cambio que va a ocasionar el embarazo de Blanca. Las personalidades de Jaime y Nicolás se van separando cada vez más.

Insisto, me gusta el nombre del diario de Clara, "cuaderno para anotar la vida", me parece maravilloso el ampliar las posibilidades de una palabra en función de los múltiples usos que se pueda brindar al objeto que define esa palabra.

El embarazo de Clara fue un duro golpe para Esteban, para su machismo y su vida de doble moral. Para el lector es un acontecimiento predecible. Sin embargo, Esteban no es tonto, y prefiere comprarle un marido a su hija, antes que desatar las murmuraciones y comentarios entre la sociedad. Blanca, nuevamente, hace uso de valor y lo enfrenta de manera directa: "-¡Cállese! -rugió él (Esteban). Se va a casar porque yo no quiero bastardos en la familia ¿me oyes? -Creí que ya teníamos varios -respondió Blanca."

La ceremonia nupcial fue suntuosa. Y ante la aflicción de Blanca, Clara le dice que Pedro Tercero está vivo. Hay un amor oculto de Jaime hacia Amanda (nombre que junto con la desdicha de Pedro Tercero por sus dedos, y las características del canto que enarbolaba, me recordaron a Víctor Jara.

El cuidar de las apariencias lleva a Esteban a aceptar la solicitud de Jaime de cambiarse de apellidos. Me entusiasmó la aparición del Poeta (así, con mayúscula, como en el texto y en la historia de la literatura), que no es otro que Pablo Neruda. Toda esta parte, desde la aparición de Allende, me está llevando a otra novela chilena: El Cartero de Neruda.

¡Qué difícil situación para Jaime el apoyo solicitado por su hermano!, una escena dura, pero llena de ternura: "... porque si ese hijo fuera suyo y no de Nicolás, habría nacido sano y completo...". Finalmente, hay un personaje que se menciona casi al final del capítulo: Alba. Por el nombre, la genealogía y la lógica del texto, supongo que es una descendiente de los Trueba, en particular de Blanca.

El capítulo, octavo “El conde”, retoma la vida conyugal de Blanca y Jean. Creo que el desenlace del capítulo viene anunciado por el desinterés de consumar el matrimonio mostrado por el Conde. El hermetismo de conde, en torno a su taller fotográfico y la práctica de contrabandista, por un momento me alejaron del motivo real del secretismo. Los párrafos finales también se anuncian en el capítulo anterior, cuando se dice que Miguel llegó a estar cuando nació Alba.

Las supersticiones y los destinos trazados por la metafísica siguen invadiendo la vida de los Trueba: el nacer parada bajo el signo de Leo. Alba lleva el apellido Trueba, pero la sangre de García. Las mujeres de esta obra se caracterizan por su valentía: "Alba era una joven valerosa, de temperamento audaz y acostumbrada a las adversidades...", o cuando Amanda se retira: "partió tal como había llegado, sin ruido y sin promesas." Así como el Poeta, es una referencia a Neruda, me queda la incógnita de quién es el "joven artista famélico" acogido en casa de los Trueba. Maravilloso el fragmento donde Alba descubre los libros, la lectura y la fantasía. Fantasía que impregnaba a varios miembros de la familia, entre ellos a Jaime. Fantasía que se camuflajeaba de locura. La aparición de Esteban García, es la presencia de ese pasado que nos va configurando, el resultado de nuestros actos.

El noveno capítulo, “La época del estropicio”, bien pudo llamarse "La época de los regresos y recapitulaciones", en él vuelven a aparecer la cabeza de Nívea y Tránsito Soto. La primera parte del mismo, muestra a un Esteban Trueba sensible, así me pareció ante su cuidado del cadáver de su esposa. La ruina de la casa, y gran parte del capítulo, van presentando el desenlace: la casa se cae a pedazos, igual que la familia Trueba se desvincula. Me conmueven los consejos de Blanca a Alba: "No quiero que seas pobre como yo, ni que tengas que depender de un hombre que te mantenga." La analogía de Clara con Úrsula Iguarán queda nuevamente de manifiesto, ambas son el soporte de sus casas y sus familias. Me encantó la parte donde Alba le pide a Blanca que le vuelva a contar los cuentos, pero la segunda ya los había olvidado. La obsesión de Esteban, su animadversión por los comunistas: "todos los partidos políticos, excepto el suyo, eran potencialmente marxistas"; Pedro Tercero García me sigue pareciendo Víctor Jara. Aquí se vuelve a mencionar el cuaderno para anotar la vida, y me saltó la duda, ¿quién narra?

Con la trama en general me había olvidado de Miguel, a pesar de que capítulos anteriores daban pistas de su reaparición años más tarde, tal y como sucedió. El amor de Miguel y de Alba es romántico en todo sentido del término, apasionado, entregado, como sólo se presenta entre "dos estudiantes en celo". Alba debe decidir si quedarse en el sitio estudiantil o volver a la casa de la esquina. Alba estaba ahí por amor a Miguel, no por convicción ideológica. Se puede hacer una comparación del pensamiento de Trueba con nuestros políticos, la improvisación y el favoritismo en ese ámbito nos hermanan: "Si pudo ser ministro de Educación sin haber terminado la escuela, igual puede ser ministro de Agricultura sin haber visto en su vida una vaca entera." Vaya sorpresa para Alba encontrarse con García, y que sea él quien la conduzca a su casa. Me conmovió la reaparición de Amanda, las condiciones en que Jaime la volvió a encontrar. Allende se perfila triunfador, y me vienen a la mente canciones (de Silvio, de Pablo, de Violeta, de tantos otros), y me vienen a la menta autores y libros: "Ahí amé a una mujer terrible..."

Los últimos capítulos nos presentan un país chileno en el encono. Las clases altas, conservadoras, manipulando la distribución de mercancías. La persecución de los activistas políticos. La represión, la barbarie.

Sin duda, Allende logra plasmar un poco, sólo un poco de una época histórica que trajo esperanzas, no sólo al pueblo chileno, sino a América Latina por igual.


Allende, Isabel: La casa de los espíritus, 2ª ed., México, Debolsillo, 2011, 454 p.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Memoria de mis putas tristes

A diferencia de Cien Años de Soledad, en esta obra aparece un narrador en primera persona del singular. La frase "Por esa época oí decir que el primer síntoma de la vejez es que uno empieza a parecerse a su padre”, también la refiere en El Amor en los Tiempos del Cólera (me lo corroboró una amiga), y creo que también lo hace en Cien Años... Hay una cuestión moral que es aplicable a otros, para él pesa más "el qué dirán": "de niño tuve mejor formado el sentido del pudor social que el de la muerte." De igual manera aparecen eventos ya citados en Cien Años..., uno de ellos es el tratado de Neerlandia. Por otra parte, existe gran intertextualidad en el capítulo: la primera es La Lozana Andaluza; después un poema de Rodrigo Caro, poeta sevillano ("Estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora...); a Jorge Manrique ("Elegía del padre" y "Coplas a la muerte de su padre"). No sé si la Fábregas citada, sea Fela. En alguna entrevista, el autor declaró que trataba de ser muy puntual en sus narraciones para que sean verosímiles, aquí lo identifico esto en la marca de la loción del sabio.

A la niña la llama Delgadina, y le canta la canción. Aquí llama mi atención que, hasta donde sé, esta pieza es de origen michoacano, y la recupera Gabo para su trama. Además, es la primera (y no sé si la única canción mexicana que aborda el incesto).

Encuentro en el sabio una personalidad esquiva: "Acostumbrado a tomar sin corresponder" y "el placer de hacer lo prohibido por el puro placer de hacerlo". Lo anterior se reafirma cuando Damiana le confiesa que se mantuvo virgen por el amor profesado hacia él. Y desde luego, su ausencia en su propia boda.

El deseo, la necesidad de nombrar, de nombrarnos. La asociación de nuestra identidad con una palabra. Así inicia el capítulo. El amor llega cuando tiene que llegar. Me encantó el fragmento donde el sabio la lleva en la memoria y hacía con ella lo que quería. Él va dispuesto a morir de amor.

Me gustó el final. Había mal leído el texto hace algunos años y recordaba muy poco. Me gustó la reconciliación que llegó en doce meses.

GARCÍA Márquez, Gabriel: Memoria de mis putas tristes, México, Diana, 2004, 109 p.

jueves, 14 de marzo de 2013

Los santos inocentes

El Libro Primero me recordó mucho a Rulfo, por el manejo de la oralidad y las descripciones que hace Delibes (Setién, Valladolid, España, 17 de octubre de 1920-Valladolid, España, 12 de marzo de 2010). La estructura narrativa da la sensación de que alguien nos cuenta la historia (como una narración oral): las recurrentes "y", la carencia de puntos (seguidos y finales), el "que yo digo".

En el Libro Segundo, encontramos una reiterada posición machista de Pedro, el Périto, y un desprecio infinito hacia las clases bajas. A tal grado, que hacer la Primera Comunión, es una locura de Nieves. Ni el conocimiento, ni el reino de Dios son para los pobres. 

Azarías, el anormal, es producto del capitalismo franquista español. Ya entregó sus mejores años, y pese a que su costumbre de mearse las manos no es reciente, ni secreta, sí constituye el pretexto para despedirlo. Para su misma hermana era un alivio que Azarías estuviera con el señorito. 

En el Libro Cuarto queda más expuesta la diferenciación clasista del ambiente. Se hace más explícita al momento en que Paco, el Bajo, hace las veces de perro de caza. El final de este libro tiene dos situaciones: una, la permanencia de Azarías en la finca (finalmente Miriam se compadece y aboga por él, incluso otorgándole algo de confianza), y los berridos de la Niña Chica. También el autor nos brinda más datos que posibilitan la ubicación temporal de la historia.

El señorito Iván es un tirano que busca el elogio constante. Por eso no le agrada el silencio del Quirce. Cuando Paco cayó, le preocupó más que fuera a suceder sobre su humanidad, que la condición física de éste. La salud del secretario importaba por su aporte a la cacería, no por el ser humano. El poder de Iván, sus abusos, son percibidos por Nieves, por ello y por su integridad le rehuye.

El título y el inicio del sexto y último libro me hicieron pensar que el crimen sería pasional o derivado de ese acercamiento del señorito Iván hacia Nieves. Sin embargo, el giro que dan los acontecimientos, cierran el círculo abierto en el Libro Primero. En general, me gustó la novela. Exige atención y curiosidad por parte del lector.

La edición está prologada por Santos Sanz Villanueva, y constituye un breve estudio en torno a la obra, su importancia y riqueza.

DELIBES, Miguel: Los santos inocentes, Madrid, Millenium, 1999, 93 p. (Las 100 Joyas del Milenio; 64)

lunes, 1 de octubre de 2012

Las noches salvajes

Las relaciones de codependencia y enfermas se caracterizan por constantes conflictos entre los involucrados. Las noches salvajes narra la vida del protagonista, un chico seropositivo, y su relación con Laura y Samy, además de su amistad con Jamel.

Cyril Collard (Francia, 19 de diciembre de 1957-Francia, 5 de marzo de 1993), se atreve a narrar un fragmento de su vida, de una manera desgarradora, brutal y desnuda, tal como fue.

El protagonista es un individuo homosexual que descubre su lado bisexual con Laura. Ésta es una chica de escasos diecisite años, la cual queda perdidamente, obsesionadamente enamorada. En uno de los encuentros, Laura es contagiada con el VIH.

Los chantajes, las reconciliaciones, los desengaños, vioencia de pareja son constantes en la relación de Laura y Cyril. La aparición de otros personajes como Samy, Jamel e incluso la madre de Laura, intervienen en la relación, ya sea involucrándose con Cyryl, ya abogando por Laura.

A través de 260 páginas, podemos ser testigos del tormento de ser seropositivo, africano o musulman en Francia, discriminado en el mundo y en lucha contra éste. Collard muestra su vena cinematrográfica porque la lectura de esta novela nos lleva a una secuencia de imágenes a cuadros, como si vieramos una película cuya trama no se cuenta linealmente.

La traducción corre a cargo de Gabriel Hormaechea. Existe una versión cinematográfica, dirigida por el mismo Collard.

COLLARD, Cyril: Las noches salvajes, 2a. ed., España, TusQuets, 2002, 260 p. (La sonrisa vertical, 87).