lunes, 1 de noviembre de 2010

Una historia de amor(didas).

Esta ocasión partiremos del supuesto que la trama de Como agua para chocolate es de todos conocida, ya sea por la versión cinematográfica o por la novela en sí que fue muy leída una vez que se llevó al cine. Es por ello que abordaremos la reseña de este libro, desde otro ángulo, y no sólo argumental.

Comencé la lectura un tanto incómodo por la influencia de la película. Fue hasta el cuarto o quinto capítulo cuando esas imágenes de Arau se disipaban. Me parece que el texto se inserta netamente dentro del realismo fantástico y donde debemos analizar cada elemento y personaje bajo ese cristal. Es fascinante el manejo del lenguaje culinario y la inserción de refranes y dichos populares gastronómicos mexicanos dentro de la narración. La estructura de los capítulos es novedosa ya que abreva del formato de los antiguos recetarios del siglo xix (la novela se desarrolla a principios del siglo xx). Muy recomendable para primeros lectores.

Esta primera novela de Laura Esquivel (México, D. F., 30 de septiembre de 1950) nos presenta una historia de amor imposible, en un México del primer cuarto del siglo XX. La cocina y la gastronomía son metáforas de la historia y pretexto para dar forma a los capítulos.

En líneas sencillas y ágiles, Esquivel ejemplifica las condiciones de domesticación femenina que eran práctica común en la época, y de las cuales aún encontramos rescoldos. Hay quien piensa que la novela es una historia de amor rosa. Y hasta cierto punto lo es. Sin embargo, está impregnada de elementos fantásticos que se catalogan como propios del realismo mágico.

Sin embargo, también está cargada de tragedia y drama. La protagonista, Tita, debe enfrentar la adversidad desde el mismo nacimiento, que es prematuro. Y a partir de ahí, observar cómo su gran amor, Pedro, se casa con su hermana Rosaura. Mamá Elena es la madre y/o suegra que nadie queremos tener.

Pero así como Tita personifica la sumisión, obediencia, resignación (todo esto, hasta donde el cuerpo aguanta), Gertrudis, otra de las hermanas, es la de rebeldía, concupiscencia, libertad y vergüenza familiar.

El recurso de los refranes y dichos populares, el mismo título lo es, dan esa dosis de oralidad que facilita su lectura en voz alta. Quizá a muchas personas les sucedió lo que a mi: tuvieron acceso primero a la película y después al libro, con la consecuencia de tener a los actores como los personajes, visión que es difícil de sacudir.

Una pregunta pululó durante la lectura, y es probable que más de uno se halla planteado lo siguiente: ¿se pueden realizar las recetas con que abre cada capítulo?

Esquivel, Laura: Como agua para chocolate, México, Planeta, 1989, 244 p.

domingo, 31 de octubre de 2010

San Gabriel de Valdivias, comunidad indígena

San Gabriel de Valdivias es una comunidad huichola que será escenario de enfrentamientos y alianzas propiciadas por un denominador común: la persecución. Ciriaco Campos vuelve a su terruño después de estar cuatro largos años con el ejército. En el poblado lo esperan sus padres, Dámaso y Cresencia, además de sus hermanas y amistades.

El cacicazgo de los Valdivia va dejando su lugar al de los agraristas encabezados por Saturnino Quintana. Juan Mendoza, Felipe González y Ciriaco, rememoran una travesura hecha a Arturo Valdivia, el dolor de las espinas en sus cuerpos aviva el deseo de volver a hacerlo, pero esta vez con la intención de no pagar las consecuencias.

Consumada la avería, Dámaso obliga a Ciriaco a ofrecer disculpas a don Carlos y a don Arturo, pero quien paga los platos rotos es el pobre viejo. Un personaje observa la vida de San Gabriel y esporádicamente lanza alguna frase que busca ser sabia: Don Ramoncito, maestro rural, aficionado al trago, se da cuenta de la situación que se manufactura.

Un día en la cantina, Saturnino humilla públicamente a don Arturo. Le muestra las fotografías de todas y cada una de sus víctimas. El último en la lista es un Valdivia. Quintana es el encargado de repartir las tierras de los Valdivia, pero no las reparte entre los lugareños, sino entre su séquito de matones, cobijados bajo la bandera del agrarismo.

La presencia de Ciriaco es un acontecimiento que no pasa desapercibido para Quintana. Éste tan acostumbrado a la vanagloria y el dominio, percibe en el vástago de don Dámaso un contrincante para sus planes de repartición de tierras. Sin embargo, no sólo los lugareños originales son acosados, el fervor de la guerra cristera llega hasta San Gabriel.

La ocasión para que Ciriaco y Saturnino se encuentren frente a frente no tarda. Quintana, fiel a su costumbre, desea humillar a Campos, quien responde con un golpe que manda al suelo al matón. Saturnino se venga abusando de la novia de campos y asesinando a sus amigos. Pero la presa más deseada sigue viva.

Con unos pocos hombres Ciriaco huye a la sierra desde donde planea hacerle frente a Quintana. En ese trance es auxiliado por un personaje que será crucial en el desenlace de la historia: el cura Martínez López. El final se presenta en un enfrentamiento serrano. Hay quien logra hacerse justicia por propia mano y hay quien murió sin esperarlo.

Nuevamente el texto de Azuela es una denuncia al oportunismo de algunos actores políticos. Sirve además para mostrar por qué la literatura debe ser eje fundamental de la promoción de la lectura: su objeto es la condición humana y como tal, refleja pinceladas o paisajes completos de dicha realidad. Sirva para ilustrar lo anterior el siguiente fragmento de la novela:

La Casa del Pueblo sirve de bodega para la maquinaria de Saturnino Quintana. Del maestro reaccionario ni razón ni nuevas. ¿A quién le importa la escuela? Ya Saturnino Quintana lo dijo: “Para llegar a diputado, gobernador o ministro, lo que menos hace falta es saber leer y escribir…

Desafortunadamente, nuestro país y Zacatecas, son testigo de ello.

Azuela, Mariano: “San Gabriel de Valdivias, comunidad indígena”, en Obras completas, México, FCE, 1993, pp. 767-861.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Los batautos hacen batautadas

Consuelo Armijo Navarro-Reverter nació en Madrid el 14 de diciembre de 1940. Posee tres de los premios más importantes de literatura infantil en España: “Premio Lazarillo 1974” por Los batautos; “Premio CCEI 1976” por la misma obra; “El Barco de Vapor 1978” por El pampinoplas; nuevamente el “CCEI 1982” con Aniceto, el Vencecanguelos y el “V Premio AETIJ por Guiñapo y Peleplátanos.[1]

El libro trata sobre las aventuras entre amigos, propiciadas principalmente por el azar, la confusión y alguna travesura. Los cuentos aquí reunidos tienen como eje de cohesión a los batautos, las aventuras que a partir de la amistad y solidaridad que existe entre ellos se presentan. Los batautos pertenecen a la familia de la literatura fantástica, podrían tener parentesco con los duendes o con los gnomos, la pigmentación verde de su piel, su escasa estatura y las aventuras que viven así lo muestran.

El mensaje central de las historias es la amistad, acompañada de otros valores como la tolerancia, la generosidad, la solidaridad.

Aunque las historias en sí son atemporales, su creación se inserta dentro del marco del llamado “boom” de la literatura infantil española. Toda la acción se desarrolla en el bosque donde viven los batautos. Durante la trama se manejan algunos conceptos que son muy utilizados en el habla coloquial de España, por ejemplo tricotar, azarado, además de que la autora inventa otros términos, lo anterior dentro de la corriente nonsense en que se inscribe.

El conjunto general del argumento viene dado por los batautos, que son unos seres amables y entrañables que viven en un bosque lejano. Peluso, Buu, el inocente de Gusi, el malhumorado de Erito y el loco del rey, don Ron, viven un montón de anécdotas juntos. Peluso inventa la cometa, Peluso y Buu curan a don Ron de su falta de vitaminas, hacen un desfile impresionante para el cuarenta y dos de "septubre"... Aunque a veces se disgusten, todos son muy buenos amigos y están muy contentos de poder contar los unos con los otros.

El argumento de cada uno de los cuentos que conforman la obra, es el siguiente:

El cuarenta y dos de septubre:  Don Ron mira el calendario y se percata que el siguiente día será el cuarenta y dos de septubre, motivo para convocar al desfile tradicional. Se lo comunica a sus súbditos. Peluso se entusiasmó y convocó a los demás batautos, tras un ensayo general trompicado, el desfile se presenta, pero no como estaba planeado, sin embargo, fue muy divertido.

La flor de zálale: Buu y Peluso deciden jugar al lobo y el cordero, con ese fin se disfrazan, pero Don Ron confunde a Peluso con una flor de zalalé , como no sabe qué tipos de cuidado requiere sale a preguntar sus súbditos. Puesto que nadie conoce esa flor cada quien da el consejo que se le ocurre. En la búsqueda de Peluso se sucede el enredo de esta historia que finaliza cuando Peluso “se come” a Buu y Don Ron encuentra un plumero que sustituye a la otra flor de zalalé.
El gran invento de Peluso: Peluso construye una cometa y se dispone a mostrarla a los demás batautos, sin embargo, el fuerte viento provoca que éstos se levanten por los aires sujetados de la cometa. El único que resiste y sigue haciendo acrobacias es el propio Peluso quien finalmente es ovacionado cuando vuelve a tierra.
Regalos para Peluso: Una mañana cuando Peluso descubre que sus calcetines están rotos, se le ocurre enviar un mensaje al viento solicitando dos pares de calcetines, sin embargo, piensa que sería buena idea pedir más cosas. Los batautos obsequian las peticiones a Peluso quien a la vez debe complacer a Erito.
Reunión primaveral: Peluso, muy elegante se dispone a dar un paseo, en el camino se encuentra a Buu quien se siente menos porque su vestimenta no es tan llamativa como la de Peluso, además de estar sucia. Peluso gentilmente le presta un jersey que Buu utiliza ese día, desafortunadamente como le queda chico se rompe, pero la bondad de Peluso salva la situación.
Por el camino de los pinos: Peluso quiere realizar el viaje más largo que haya hecho un batauto, para eso emprende una travesía por el bosque, durante el trayecto se percata que Erito lo sigue, y cuando al fin cree haberlo perdido se da cuenta que en el pino cien están todos sus amigos, incluyendo a Don Ron.
Falta de vitaminas: Un día Don Ron no podía levantarse de la cama, Peluso y Buu fueron a visitarlo. Ante el panorama, Peluso diagnosticó que a Don Ron le hacían falta vitaminas P y T. Junto con Buu preparó una alimentación rica en dichas vitaminas, invitaron a Erito, pero cuando Don Ron se mejoró los echó de sus casa.
Material secreto: Peluso influenciado por la lectura de un libro de espionaje, encuentra una piedra y se imagina que es material secreto que alguien puede querer. Su extraña manera de actuar llama la atención de Buu, quien se dedica a observarlo hasta que al final los dos platican de lo divertido que se la han pasado.
La gran fiesta del agua dulce: Peluso se entera que hay agua dulce y agua salada, recuerda que cerca de su casa hay un manantial, y de acuerdo con el libro que está leyendo, debe ser de agua dulce. Llena cinco barriles y le obsequia uno a Buu, quien tiene la idea de realizar una fiesta y compartir con los otros batautos las delicias del agua. En plena fiesta, ambos se percatan que el agua no es dulce y le vierten azúcar. Los barriles se acaban en medio de una felicidad cuando Gusi se cae dentro de un barril y mejora el sabor.
Los cuadros: Peluso hace un retrato de Buu y éste quiere también hacer uno de Peluso, así sucede y ninguno está convencido que ese sea su retrato, piensan que es un cocodrilo u otro animal, ambos comparten su alegría e inquietud con los demás batautos.
Los repollos colorados: Peluso decide formar la banda de los repollos colorados, para ser integrante de ella hay que realizar alguna hazaña, así sucede e incluso Erito en medio de su mal humor logra realizar una.
Rascasol, donde ningún gorrión jamás llegó: Peluso emprende una excursión a las montañas, en particular le llama la atención una de nombre Rascasol, Buu lo acompaña, en el trayecto cruzan Rascaluna y Rascaestrellas, hasta conseguir su objetivo.
Un día extraordinario: Cada uno de los batautos se ocupa de sus preferencias, sólo el loco de Don Ron cree ayudar a uno de sus súbditos.


Los personajes tienen las siguientes características:

§  Don Ron es el rey, está bastante loco, sin embargo, cuida a sus súbditos y convive con ellos como si fuera uno más.
§  Peluso es el batauto más coherente, le gusta mucho leer y de ahí deriva sus aventuras.
§  Buu es el mejor amigo de Peluso, su poca experiencia provoca que Peluso siempre trate de orientarlo y guiarlo.
§  Gusi es el batauto torpe, siempre se está cayendo.
§  Erito siempre está de mal humor, de todo protesta.

La mayor parte de las tramas de las historias se desarrollan dentro del bosque de los batautos, salvo el espíritu aventurero de Peluso, los demás tienen una actitud más bien sedentaria (exceptuando la historia de “Por el camino de los pinos”), el cielo (“El gran invento de Peluso”), las montañas (“Rascasol, donde un gorrión jamás llegó).

Las historias tienen un movimiento propio de las aventuras y situaciones chuscas, es decir, es rápido. Tienen poco duración en sí, salvo “El cuarenta y dos de septubre” que dura casi veinticuatro horas, las demás son solo unas pocas.

La redacción de la obra es sencilla en su forma. Sin grandes pretensiones la autora busca (y consigue) divertir a partir de unas aventuras extrañas y hasta absurdas. En el mismo sentido se inserta el contenido, explotando algunos estereotipos como el aventurero, el torpe, el líder, etc.

Es el tercer libro de la saga de los batautos. La autora es considerada una de las máximas representantes del nonsense en español.

Una de las características de Armijo es sin lugar a dudas el juego de palabras constantes. Al respecto, Juan Cervera Borrás nos dice: “En Los batautos hacen batutadas (Espasa-Calpe, Madrid, 1982) el efecto tropezón deja de ser casual para prolongarse en una meditación que se transforma en situación cómica. Así sucede en el capítulo Material secreto (76-85) en el que se pone de relieve que los secretos son objeto de fabricación por parte de sus autores, aunque dicho material sea de poca importancia, como una piedra en la cual ni siquiera se hubiera escrito mensaje alguno.

El capítulo dedicado a La fiesta del agua dulce (86-94) parte de la afirmación encontrada en un libro científico: «El agua del mar es salada, pero en cambio, la que sale de los manantiales tierra adentro es dulce». Ante semejante descubrimiento Peluso organiza una fiesta para celebrar el hallazgo del agua dulce. Pero estuvo a punto de ser un fracaso, pues los invitados comprobaban que el agua dulce no sabía a nada. Peluso se resistía a dar crédito a la realidad, porque «los libros científicos no se equivocan nunca» (90). A pesar de lo cual doblegó su mente y repartió un saco de azúcar entre los barriles de agua dulce del manantial. Y todos pudieron comprobar, hasta la gula, que ahora sí era verdaderamente dulce.”[2]

Este título aparece en el denominado “boom” de la literatura infantil española. Junto con Armijo aparecieron autores como Fernando Alonso, Joan Manuel Gisbert, Jordi Sierra i Fabra o Juan Farías. Es decir, una época donde la libertad de imaginar y escribir suplía a la libertad política.

La autora es afín a jugar con el lenguaje, a crear no sólo ambientes sino también sonoridades, propias de una imaginación expansiva y que sabe llegar al público infantil.  La obra de Armijo acompañó la niñez de toda una generación de españoles, al grado que aún hoy podemos encontrar en la red foros de discusión en torno a su obra y ésta misma en librerías en línea.




[1] Cervera Borrás, Juan: “Palabra y juego en los libros para niños”, en http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/34693953213469429776891/p0000001.htm (septiembre 23 de septiembre de 2008).



[2] http://www.amigosdelibro.com/autores/armijo.htm (25 de abril de 2008). 

El camarada Pantoja

Los cambios de en el poder, ahora llamado alternancia, están antecedidos por un aura de esperanza de que las circunstancias socieconómicas, políticas y culturales cambien. Sin embargo, hay prácticas que como la música de alguna estación radiofónica, que escuchaba en la Ciudad de México allá en la segunda mitad de la década de 1980, parece que llegaron para quedarse.

Catarino Pantoja es un obrero que ve en los rescoldos de la revolución la oportunidad para salir de pobre. Mejor dicho, es la Chata, su esposa la que tiene esta visión. Él es un tanto ingenuo, soñador, utópico. Miembro de la CROM, habitante de una de las tantas vecindades de la capital mexicana, no espera que un acontecimiento inesperado le cambie el rumbo de su vida.

Una noche, Pantoja y la Chata despiertan ante el ingreso de un extraño en su hogar. Es un perseguido del gobernador de Zacatecas. La Chata se percata de que es un personaje importante y logra escabullirlo de los matones y del camarada Fonseca, el cual reconoce a Catarino y deja libre el terreno no sin sospechas de complicidad de este último.

El hombre que escapaba se trataba del General de Brigada Bernardo Calderas. Tiempo después lo ven en una procesión a la Basílica de Guadalupe y en una feria. Ahí se encuentran y Calderas invita a Catarino a la Inspección General de Policía. De ahí, la siguiente invitación fue para almorzar, junto con Obregón. El acto estuvo precedido del fusilamiento de un cristero.

Catarino ya trabajaba en la Inspección cuando Calderas lo llamó. La siguiente encomienda era que se sumara al cuerpo militar de Guadalajara, bajo las órdenes del General Lechuga. En el trayecto, el ferrocarril también llevaba el convoy de Obregón. Los militares y simpatizantes del candidato hacen y deshacen al interior de los vagones: amedrentan a quienes les parecen “reaccionarios”, “cristeros”, “burgueses”.

Es en la perla tapatía donde se reencuentran Soto y Rodríguez, dos antiguos villistas. Conversan y critican la parafernalia política. Pantoja se alarma de tales blasfemias y lo comenta con Calderas, quien ignora el parte argumentando la trayectoria revolucionaria de ambos personajes.

La movilidad política lleva a Calderas a ser candidato a presidente municipal de San Nicolás, Sonora. Ahí le cambia el nombre por el de Ciudad Obregón, como muestra de congruencia y desprecio por los cristeros. Ante la ferviente religiosidad que manifiesta el pueblo, ordenan fusilar a un chico de doce años, que se atrevió a gritar “¡Viva Cristo Rey!”. Pantoja cuenta el episodio en una carta a la Chata, pero adjudicándose la acción. La Chata sólo exclama: ¡”Este pobre de don Cacahuate!”.

En Ciudad Obregón, Pantoja se encuentra con antiguos conocidos de la ciudad de México: don Benedicto y sus hijas Leonor, Loreto y Cecilia. Ésta última dueña de unos ojos que han prendido a Catarino. Lechuga desea para sí uno de los caballos más hermosos del lugar, sin embargo, es propiedad de don Ángel Aldana. Ordena entonces a Pantoja que le lleve el caballo valiéndose de cualquier medio. Con ese marco, el cual fue de fracaso en un primer intento, Catarino da muestras de lealtad e inteligencia, gesto apreciado por Lechuga.

Las convicciones quedan de lado cuando lo que se trata es de llegar al poder y servirse de él. Así lo manifiesta Azuela y lo hace ver en el siguiente pasaje:

Tenía pues, cuanto se necesitaba para triunfar: codicia, audacia, perfidia.
Y triunfó: su simpatía natural, sus facultades de adulación, su plática amena, animada de chiste de todos colores, anécdotas atinadas, dicharachos oportunos, le allanaron el camino. Lo que en otros pareciera repugnante y criminal, en él era una gracia y habilidad de gran político. Saltar de un partido al contrario le costaba el mismo trabajo que pasarse de una cantina a la de enfrente. En dondequiera encontraba amigos que lo acogían con calor.[1]

Catarino asciende la pirámide política del partido oficial, como pago a su lealtad y silencio. Pronto será candidato a diputado y más pronto ostentará su curul. Ha cambiado las habitaciones de la colonia Guerrero por una quinta en la Portales. La comida en puestos de feria por manjares en restaurantes. El salario de los talleres por la dieta en el Congreso de la Unión y los dividendos de sus acciones de la cervecera mexicana.

Cierta ocasión se encuentra con su antiguo amigo y compañero Francisco. Catarino hace presunción de sus conocidos y propiedades. Francisco cuestiona la honorabilidad y legitimidad de tantos logros. Pantoja, incómodo, se arrepiente de haberlo invitado a comer. No entiende que se puede ser revolucionario y rico a la vez. Las críticas de Francisco llegan a las otras mesas, donde se encuentran los demás personajes que han llegado a puestos de elección popular y que acompañan a Pantoja desde Guadalajara. Yañez asesina a sangre fría a humilde obrero y todos los presentes atestiguan que fue en legítima defensa.

La gobernatura de Zacatecas se mira en un horizonte de mediano plazo, sólo se interpone en su camino el marihuano de Julio Rentería. En la Portales, vuelve a ser vecino de don Benedicto y comienza el cortejo de Cecilia. La Chata, que no es tonta, se da cuenta de todo y los celos la llevan a darle un toque de tragedia personal a esta tragedia nacional.

Azuela en este texto hace una crítica mordaz a aquellos advenedizos que se benefician a partir del presupuesto y que llegan a puestos importantes, más por pagos de favores que por capacidad.

Azuela, Mariano: “El camarada Pantoja”, en Obras completas I, México, FCE, 1993, pp. 668-766.


[1] pp. 725-726.

martes, 19 de octubre de 2010

La SEP por dentro

Si a usted le han sorprendido los nombres de quienes llegan a las instituciones de educación y observan el nivel en la materia con que cuenta nuestro país, entonces le recomiendo el libro La SEP por dentro, de Pablo Latapí Sarre.

Si usted es una maestra o maestro que Carrera Magisterial le causa más dolores de cabeza que beneficios, y por más que estudia y se prepara no avanza en el escalafón, le recomiendo leer La SEP por dentro.

Si a usted le es inverosímil algunos nombramientos como funcionarios de educación federal, e incluso estatales, dado que los problemas que enfrenta el sector parecen ahondarse más con dichos titulares, entonces también lea La SEP por dentro.

El reconocido investigador Pablo Latapí Sarre, analiza en este texto las políticas implementadas desde la Secretaría de Educación y Cultura, a partir de la visión de sus secretarios. El periodo abarcado va de 1992 a 2004. Latapí entrevista a todos y cada uno de los secretarios que estuvieron al frente de la SEP durante dicho lapso. Salvo Ernesto Zedillo Ponce de León, que no admitió siquiera la entrevista por escrito, todos los demás (Fernando Solana, José Ángel Pescador, Miguel Limón Rojas y Reyes Tamez Guerra) vierten su opinión en torno a su proceder y los problemas educativos nacionales.

El debate, la discusión y la argumentación se centran en el Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica (ANMEB). Sin embargo, de la mano van otros temas como lo son la relación con el SNTE, el papel de éste en la aprobación y desaprobación de las políticas diseñadas desde la centralidad, los libros de texto y las reformas educativas, Carrera Magisterial, las Normales Rurales, etc.

Para el lector no habituado a estos temas y con desconocimiento de la estructura burocrática, sindical y caciquil de la SEP, podría resultarle nauseabundo el testimonio de los personajes y el peso del SNTE, sin embargo, en afán de objetividad, Latapí en el último capítulo explica desde su óptica la serie de factores que han apuntalado, dificultado o han sido eficaces en la modernización educativa.

Si usted es una persona que conoce de políticas educativas y política sindical, éste texto será de gran riqueza para que reflexione si lo que necesita el país son acciones que incidan en la educación o acuerdos políticos que sólo empoderan a unos cuantos y no siempre son los más aptos.

Latapí Sarre, Pablo: La SEP por dentro. Las políticas de la Secretaría de Educación Pública comentadas por cuatro de sus secretarios (1992-2004), México, FCE, 2004, 364 p.

lunes, 11 de octubre de 2010

El geranio, su voz, su voto y la paleta de diez colores nuevos de Otto-Raúl González


Conocí a Otto-Raúl González allá por 1996. Habíamos concertado una cita en un café cercano al lugar donde asesinaron a José Francisco Ruiz Massieu en 1994. Debo confesar que poco sabía de él y de su obra. Fui acompañado de Indalecio Rivera Serrano. Ambos éramos integrantes de un grupo llamado “Escritores y Artistas Unidos e Independientes”. Íbamos con la encomienda de entrevistarnos con el vate guatemalteco para negociar y solicitar que escribiera el prólogo para la publicación de una antología que se llamaría Cerca de lluvia. La antología vería luz años después, aunque no con los aspirantes a poetas originales. El prólogo nunca se concretizó.

Ese día nos obsequió su poemario Voz y voto del geranio, una edición sencilla, pero fundamental dentro de la literatura guatemalteca. González (Guatemala, enero 1 de 1921-Ciudad de México, 23 de junio de 2007) perteneció al Grupo Acento-Generación. El geranio como una metáfora del proletariado, como un símbolo de éste: “Pues la tierra es de todos y de nadie/el geranio se propaga por la tierra;/pues la luz es de todos y de nadie/el geranio mora e la luz;/pues el agua es de todos y de nadie/el geranio vive en el agua; pues el aire es de todos y de nadie/el geranio se desplaza por el aire…” (“Residencia”).

Menciona Marco Vinicio Mejía en el prólogo de esta edición la historia de la primera publicación del poemario el 1 de septiembre de 1943: “Voz y voto del geranio fue dado a la estampa en los talleres de la Unión Tipográfica. La edición fue pagada con los aportes pecuniarios de Augusto Monterroso, Carlos Illescas, Guillermo Noriega y del autor”. Sólo un año después saldría exiliado a México, donde realizaría una encomiable labor diplomática, literaria y académica.

Conservo el ejemplar en cuestión con una bella pero frustrada dedicatoria: “Para los poetas Eduardo Cámpech (sic) e Indalecio Rivera que empiezan a desplegar sus alas y que seguramente van a volar muy alto en el firmamento lírico de México. Cordialmente, su amigo Otto-Raúl. Enero de 1996”. Corrijo, la frustrada fue la carrera poética de los aludidos, al menos la de este servidor.

Con Diez colores nuevos, la historia es distinta en lo que se refiere a su adquisición y al impacto que me provocó su lectura. No recuerdo a ciencia cierta cómo llegó a mis manos pero lo agradezco infinitamente por dos cosas: una, es uno de mis libros de poesía favoritos y dos, dudo que se consiga actualmente.
La cuarta edición del poemario en cuestión inicia con una carta-poema firmada por Jorge Saldaña. Me hacía ruido la repetición del verso “¡De la buena suerte! ¡Y de la buena suerte! ¡Y de la buena suerte!” tres veces en tres estrofas del poema. Pero no era ruido. Páginas más adelante descubrí que era la descomposición de la palabra en el prisma de González para regalarnos diez colores bellísimos.

El espectro queda conformado por enirio, orjuz, anab, anadrio, dunia, gaorín, yemalor, vainumio, tuang y aíf. Con ellos González elabora el lienzo poético mezclando técnicas plásticas con la terrible realidad y su espejo que son las bondades de la vida.

El color de la metamorfosis es enirio (“También podría darnos una vaga idea del color enirio/la pequeña campana de los floripondios,/pero estas joyas no se ven de cerca/porque producen sueño,/o bien, el primer bozo que le sale a los melocotones,/al sol melocotón de las seis de la mañana,/a los hombres cuando dejan de ser niños/y a las doncellas cuando sienten/su primer desarreglo.”). El color más mortal es el orjuz (En el color orjuz el mundo se contempla/pues también es el color de la muerte.”). Un color melancólico es sin lugar a dudas el anab (“El anab es el color de los actos impuros,/el color de las azucenas pisoteadas,/el color de las moscas que vuelan/sobre la boca de los moribundos”). El color anadrio es el de ¡la buena suerte!, porque el verlo propicia un cambio favorable de manera radical. No comentaré los demás colores para que les de un vistazo ya sea por el libro o por la siguiente liga: http://rancholasvoces.blogspot.com/2007/07/poesa-dos-poemas-de-otto-ral-gonzlez.html

Elías Nandino dijo en torno al libro: “Recibí y leí su libro Diez Colores Nuevos. Un esmerado oficio, un rejuvenecido lenguaje y un diluvio de esbeltas imágenes forman este nuevo arco iis que inventa. Y le aseguro que lo gocé porque lo vi y no entre líneas sino detrás de mis propios ojos.”
 
Que estos dos libros, nunca se maticen de color aíf: “Aíf el niño que al nacer/elimina la flor que le dio vida,/aíf el niño y el poema póstumos,/aíf la joven que no tuvo besos,/aíf el libro que no fue leído…”

González, Otto-Raúl: Voz y voto del geranio, Guatemala, Editorial Cultural, 1994, 35 p.

González, Otto-Raúl: Diez colores nuevos, México, 4ª ed., Federación Editorial Mexicana, 31 p.

lunes, 4 de octubre de 2010

El poder de la lectura

En ocasiones anteriores se ha comentado que existe una proliferación de libros que apoyan la promoción de la lectura. En esta ocasión comentaremos El poder de la lectura de Miguel Campos Ramos.

Dueño de una gran experiencia en la promoción cultural y de lectura, Miguel Campos Ramos, se arriesga a hacer una serie de propuestas para formar lectores en México. El texto inicia con la trascripción de una conferencia dictada en diversos espacios: “La lectura, piedra angular del futuro”. En ella plantea la necesidad de crear lectores para el progreso nacional. Campos Ramos ofrece cifras recientes de consumo de libros y conductas lectoras en algunos países y las compara con las mexicanas.

El segundo capítulo “Los libros ilustran y entretienen” es un viaje por 16 obras de la literatura universal. Desde luego los textos son de la preferencia del autor, recordemos que nadie ofrece lo que no le gusta. Y aunque hace una ejemplificación muy sencilla, se entienden la forma y el propósito del estilo. Para quienes ya llevan tiempo en esta tarea de la promoción de la lectura, quizá les parezca muy reduccionista dicho análisis, sin embargo, es buena herramienta para quienes apenas inician su camino formando lectores.

De ahí pasa a las estrategias (capítulo III: “Cien y una estrategias de inducción a la lectura”), donde plasma diversas maneras de acercar los libros y la lectura a la población civil. Algunas de ellas ya probadas por el mismo autor, otras más surgidas como espontáneamente, algunas que podemos recibir con escepticismo, pero todas susceptibles de llevarse a cabo bajo el adagio aquel de que no hay peor lucha que la que no se hace.

El último capítulo plantea la realización de círculos de lectura concéntricos. Una modalidad de lectura que imita de cierta forma las ventas piramidales, pero cuyo objetivo es hacer que la población mexicana lea. El libro es recomendable, como se ha mencionado, para quien desea iniciarse en los laberintos (que son muchos) de la promoción de la lectura. Debo, no obstante, hacer un apunte: no hay fórmulas mágicas para formar lectores. Si el mediador no lee, poco o nada logrará.

Campos Ramos, Miguel: El poder de la lectura. Un método basado en los principios del placer, la utilidad y el éxito para hacer que la gente lea, México, Trillas, 2009, 144 p.