miércoles, 22 de mayo de 2013

Memoria de mis putas tristes

A diferencia de Cien Años de Soledad, en esta obra aparece un narrador en primera persona del singular. La frase "Por esa época oí decir que el primer síntoma de la vejez es que uno empieza a parecerse a su padre”, también la refiere en El Amor en los Tiempos del Cólera (me lo corroboró una amiga), y creo que también lo hace en Cien Años... Hay una cuestión moral que es aplicable a otros, para él pesa más "el qué dirán": "de niño tuve mejor formado el sentido del pudor social que el de la muerte." De igual manera aparecen eventos ya citados en Cien Años..., uno de ellos es el tratado de Neerlandia. Por otra parte, existe gran intertextualidad en el capítulo: la primera es La Lozana Andaluza; después un poema de Rodrigo Caro, poeta sevillano ("Estos, Fabio, ay dolor, que ves ahora...); a Jorge Manrique ("Elegía del padre" y "Coplas a la muerte de su padre"). No sé si la Fábregas citada, sea Fela. En alguna entrevista, el autor declaró que trataba de ser muy puntual en sus narraciones para que sean verosímiles, aquí lo identifico esto en la marca de la loción del sabio.

A la niña la llama Delgadina, y le canta la canción. Aquí llama mi atención que, hasta donde sé, esta pieza es de origen michoacano, y la recupera Gabo para su trama. Además, es la primera (y no sé si la única canción mexicana que aborda el incesto).

Encuentro en el sabio una personalidad esquiva: "Acostumbrado a tomar sin corresponder" y "el placer de hacer lo prohibido por el puro placer de hacerlo". Lo anterior se reafirma cuando Damiana le confiesa que se mantuvo virgen por el amor profesado hacia él. Y desde luego, su ausencia en su propia boda.

El deseo, la necesidad de nombrar, de nombrarnos. La asociación de nuestra identidad con una palabra. Así inicia el capítulo. El amor llega cuando tiene que llegar. Me encantó el fragmento donde el sabio la lleva en la memoria y hacía con ella lo que quería. Él va dispuesto a morir de amor.

Me gustó el final. Había mal leído el texto hace algunos años y recordaba muy poco. Me gustó la reconciliación que llegó en doce meses.

GARCÍA Márquez, Gabriel: Memoria de mis putas tristes, México, Diana, 2004, 109 p.

martes, 21 de mayo de 2013

El llano en llamas

La prosa de Juan Rulfo (Sayula, Jalisco, México, 16 de mayo de 1917-México, D. F. 7 de enero de 1986), parca y poética a la vez, otorga a las anécdotas de El llano en llamas, una dimensión universal. Mucho se ha escrito en torno a la reducida, en cantidad, obra rulfiana, motivo por el cual aquí únicamente se brindarán algunas apreciaciones como simple lector.

El triunfo de la revolución trajo consigo un cúmulo de expectativas, entre ellas y una de las más sentidas: el reparto agrario. La historia,de "Nos han dado la tierra", me parece un símil del Éxodo: el encuentro con la Tierra Prometida. Al igual que en "No oyes ladrar los perros", el ladrido es señal de esperanza, como si esta fuera más acorde con situaciones cotidianas, pero bajo las condiciones de desolación que plantea Rulfo, el ladrido es luz en la oscuridad. Rulfo no adjetiva, es extraño que lo haga, sin embargo, como ya se ha mencionado, su lenguaje es parco y poético al mismo tiempo: "Alguien asoma al cielo, estira los ojos hacia donde está colgado el sol y dice: -Son las cuatro de la tarde." El hecho de nombrar la vegetación también es un recurso del contraste que quiere puntualizar, contraste de las tierras del llano en contraposición con las que están en las vegas, es por ello que nada más acorde, con esta intención, que la casuarina (árbol cuyas ramas movidas por el viento producen un sonido musical). El trasfondo social del cuento, es el uso de las leyes y la legalidad para marginar.


Si en este texto el sentimiento generado es el de indignación, en "La Cuesta de las Comadres", es de sorpresa ante la imperturbable narración. Después de describir los motivos por los cuales los Torrijo se hicieron odiar, inicia la segunda parte con un contundente "A Remigio Torrijo yo lo maté", así directo, frontal, sin pausas, con decisión. En esta segunda parte la narración es parsimoniosa, como la misma labor que realizaba el narrador al momento en que Odilón lo enfrentara. Pese a la provocativa actitud de este último, el protagonista se mantiene sereno y mide la gravedad de la situación "(...) traté de verle la cara para saber de qué tamaño era su coraje(...)".

Desalentador e inocente, así definiría en dos palabras "Es que somos muy pobres". La inercia de perder, es una constante en la historia. Escrita en primera persona, igual que los dos primeros textos, en esta ocasión el narrador es un niño, casi un adolescente. El cual sabe lo que es una piruja (observa a sus hermanas mayores revolcarse desnudas con el hombre en el corral). El argumento es sencillo, pero el uso del lenguaje que hace Rulfo, involucrando (e invocando) los aromas, los sonidos, las texturas, enriquecen la historia. La reiteración de una idea repitiendo palabras otorgan masa a las frases, las convierte en lapidarias: "A mí muchas veces me tocó despertarla cuando le abría la puerta del corral, porque si no, de su cuenta, allí se hubiera estado el día entero con los ojos cerrados, bien quieta y suspirando, como se oye suspirar a las vacas cuando duermen."

La lectura de "El hombre" me exigió mayor esfuerzo que las anteriores. Sería que me llamó la atención la frase "Cuando comienzan los sueños; después del descansen en paz, cuando se suelta la vida en manos de la noche con el cansancio del cuerpo raspa las cuerdas de la desconfianza y las rompe", o que durante la persecución de Urquidi, me sentía al interior de un laberinto. Quizá esa fuera la intención del autor: transmitir los vericuetos de los protagonistas: uno, como lo menciona el otro, rumbo a su fin por sus ansias; el segundo, a pesar de la paciencia, consciente de su venganza y la rabia que le acompaña. Rulfo juega con la historia: el perseguido no puede escaparse de sí mismo. Su voz le habla ("No debí matarlos a todos; me hubiera conformado con el que tenía que matar") y buscando la auto exculpasión, se justifica: "Después de todo, así de a muchos les costará menos el entierro". Y sin embargo, el eco del multihomicidio no dejará de retumbar: "Los muertos pesan más que los vivos; lo aplastan a uno." La dualidad de las voces narradoras abren paso a un tercero: el pastor (y testigo) quien entabló una breve relación con el multihomicida. Su manera de contar el encuentro deja entrever una efímera y forzada confianza, además de una desesperada necesidad de hablar de los suyos. Al fina, el hombre (fugitivo) fue presa de su descuido. Alberto Vital, en un pequeño estudio biográfico, titulado Juan Rulfo, menciona que esta historia tenía por título original "Al otro lado del río".

El inicio poético del cuento podría hacer pensar (si no existiera antecedentes sobre el autor, su obra, estilo y circunstancias) que estamos frente al primer texto terso del volumen: "San Gabriel sale de la niebla húmedo de rocío. Las nubes de la noche durmieron sobre el pueblo buscando el calor de la gente. Ahora está por salir el sol y la niebla se levanta despacio, enrollando su sábana, dejando hebras blancas encima de los tejados". Nos encontramos, además, con el primer cuento cuya narración es en tercera persona. La voz del viejo Esteban me recuerda a la de los ancianos entrevistados en Del olvido al no me acuerdo, una voz, un registro oral que va de la incredulidad a la resignación:  "Y dizque yo lo había matado, dijeron los díceres. (...) Pero desde el momento en que me tienen aquí en la cárcel por algo ha de ser, ¿no cree usted? La aparición casi desapercibida de la hermana de Justo Brambila y madre de Margarita sólo merecen dos párrafos de la historia. Si bien el asesinato que se narra en la historia queda claro, el autor del crimen es inasible en una primera lectura. Es necesario hacer hipótesis e ir hilvanando los datos (horas de los acontecimientos, edades y características físicas de los personajes) que el autor brinda para descartar al viejo Esteban como culpable. 

Las penurias de Tanilo en la visita a la Virgen de Talpa, la muerte de éste, la promiscuidad de Natalia y el hermano, son los ejes de "Talpa", una historia que expresa la religiosidad y el fervor mexicano, aún contra toda lógica. Además de la obligación moral de llevar a Tanilo a Talpa, Natalia y su cuñado buscan el perdón a los ojos de la virgen. El trayecto a Talpa era una extensión de la agonía que el cuñado tiene muy claro cuando declara "Lo llevamos a Talpa para que se muriera". Caminar en esas condiciones climáticas y durante mes y medio, es una dura prueba para cualquiera. Estamos en presencia de una muerte en vida. Sí, Tanilo estaba en ese estado: "Tanilo se alivió de vivir". A Natalia y su cuñado, les pesa el cuerpo de Tanilo en la ida, pero más les pesó el remordimiento: "Y yo empiezo a sentir como si no hubiéramos llegado a ninguna parte, que estamos aquí de paso, para descansar, y que luego seguiremos caminando. No sé para dónde; pero tendremos que seguir, porque aquí estamos muy cerca del remordimiento y del recuerdo de Talpa."

Siempre me ha hecho "ruido" la edad de Macario. El texto aparenta un niño, de hecho muchos pensamos que puede ser un niño, sin embargo, hay algunos elementos que pueden hacer creer que se trata de un adolescente o preadolescente. Encontramos en la historia el dogma castrante y lleno de culpabilidad de la religión. La inocencia de Macario contrasta también con la perversidad de las dos mujeres. Me fascinó la frase: "yo también le ayudé a llorar con mis ojos todo lo que pude".

El cuento que da título al volumen, "El llano en llamas", es un relato de la denominada literatura de la Revolución. Busqué a cuál corrido pertenece el epígrafe con que inicia la historia ("Ya mataron a la perra...), sin embargo, no encontré ningún dato. La inmensidad de la mirada rulfiana vuelve a aparecer durante la narración: "La cerca de piedra culebreaba mucho al subir y bajar por las lomas". El miedo de los llamados revolucionarios ante la cercanía de los federales queda plasmado más de una ocasión durante la trama: "Era como si se nos hubiera acabado el habla a todos o como si la lengua se nos hubiera hecho bola como la de los pericos y nos costara trabajo soltarla para que dijera algo", "Pero también nosotros les teníamos miedo". Me gusta la forma como Rulfo da las pinceladas de oralidad en sus textos, pinceladas que se expanden, por ejemplo, cuando utiliza palabras o frases como: "detrasito", "En mientras", tan usuales en la oralidad, se permite realizar redundancias y cacofonías: "Desde entonces supimos que a ese paso no íbamos a durar mucho, aunque éramos muchos", "la idea ida". Como mucha de su obra, las acciones se desarrollan en los linderos de Jalisco y Colima, el río Armería o la cita a Sayula, así lo confirman. Encuentro una similitud con Los de abajo, de Mariano Azuela, cuando aparece Armancio Alcalá, quien era el encargado de hacer los recados y las cartas de Pedro Zamora. Mismo rol que cumple El Curro en la novela de Azuela. Pese a que, líneas arriba, mencioné al grupo como perteneciente a los revolucionarios, lo cierto es que ellos mismos no saben bien cuáles son las causas sociales que enarbolan. De hecho, se podría decir que ante la revuelta aplicaron aquel refrán de "a río revuelto, ganancia de pescadores": "Esta revolución la vamos a hacer con el dinero de los ricos. Ellos pagarán las armas y los gastos que cueste esta revolución que estamos haciendo. Y aunque no tenemos por ahorita ninguna bandera por qué pelear, debemos apurarnos a amontonar dinero, para que cuando vengan las tropas del gobierno vean que somos poderosos."

Uno de los cuentos más conocidos del volumen, y celebrados del autor es "¡Diles que no me maten!". El inicio de la historia cumple con lo que, a decir de los conocedores, toda buena narración debe llevar: un inicio que atrape, que sacuda. Durante la lectura somos testigos de la agonía de Juvencio. Agonía que se alarga cuando se acerca la hora del perdón. El hijo sabe que poco o nada puede hacer por su padre, que interceder por él es arriesgarse a dejar a la deriva a su propia familia. El coronel no olvidó, guardó su rencor, dejó que se acumulara y se multiplicara en él para darle cause en la primera oportunidad. Y ahí la tuvo.

"Luvina" es la desolación a flor de piel, de tierra, el infierno en la superficie y en este momento: "-Otra cosa, señor. Nunca  verá usted un cielo azul en Luvina. Allí todo el horizonte está desteñido; nublado siempre por una mancha caliginosa que no se borra nunca. Todo el lomerío pelón, sin un árbol, sin una cosa verde para descansar los ojos; todo envuelto en el calín ceniciento. Usted verá eso: aquellos cerros apagados como si estuvieran muertos y a Luvina en el más alto, coronándole con su blanco caserío como si fuera una corona de muerto..." 

En medio de la Cristiada, Feliciano Ruelas, escapa, junto con sus tíos Tanis y Librado de la persecución militar. "La noche que lo dejaron solo" es un texto breve que describe el cansancio, la desesperación, la ansiedad de quien se sabe en la mira. Encontramos en la redacción esa parquedad rulfiana tan contundente: "Oyó cuando se le perdían los pasos", y a la vez tan poética: "Abrió los brazos como si quisiera medir el tamaño de la noche". 

Sin duda, "Paso del Norte" es una historia desgarrada de la desesperación y esperanza, la constante esperanza de los personajes rulfianos, en un porvenir mejor. La lucha del optimismo versus el pragmatismo desalentador. El infortunio apuntalado por la ignorancia. La necesidad económica propicia la migración. Un padre, formado bajo el estereotipo del "macho mexicano", lejos de apoyar a su hijo, pareciera que le coloca trabas en la consecución de sus objetivos.

La memoria es extraña. Podemos recordar situaciones con una increíble precisión, pero datos más amplios quedan fuera de sus alcances. El recuerdo, y circunstancias, de Urbano Gómez es el pretexto de esta narración, "Acuérdate". El narrador cuenta a su interlocutor algunas andanzas de Gómez, con la finalidad de recordar su identidad.

Si la esperanza por una vida mejor queda plasmada en "Nos han dado la tierra" y "Paso del Norte", en "No oyes ladrar los perros la esperanza está cifrada en un lugar donde exista un médico. Al contrario de la segunda historia referida en este párrafo, aquí nos encontramos con un padre que aún en las condiciones adversas vela por el bienestar y la vida de su hijo. 

Como una premonición del terremoto de 1985, "El día del derrumbe", siguiendo esa fórmula del recuerdo, exhibe la retórica emanada de la revolución. Una retórica hueca ante un pueblo ignorante y manipulado. De la misma manera se burla del culto a la personalidad.

Nuevamente la mala relación de un padre con su hijo son el eje de una de las historias de este volumen. "La herencia de Matilde Arcángel" cuenta cómo se fue gestando el odio del padre hacia su vástago. Las reflexiones lapidarias de Rulfo siguen apareciendo, igual que el narrador que comparte en función de lo que vio y de lo que le contaron. Un texto lleno de dramatismo.

El último relato, "Anacleto Morones", es divertido, fuerte desde el comienzo. El santero representado por el niño Anacleto abusa de la ignorancia y falsa fe del pueblo. La refiero como falsa porque las mujeres sabían cuál era la forma en que las "curaba" Anacleto. Lucas Lucatero, hereda el matiz despojado de vergüenza de su cómplice y patrón. La versión cinematográfica, El rincón de las vírgenes, ilustra de manera fidedigna la historia. En este cuento encontramos un sentido del humor rulfiano que contrasta con el dramatismo de muchas de sus narraciones.

RULFO, Juan: El llano en llamas, 2a., ed., México, FCE, 1994, 191 p. (Colección Popular; 1)

miércoles, 8 de mayo de 2013

Una historia que nos recuerda la importancia de la palabra, de la literatura, en plena crisis.


Eduardo Campech Miranda

Hace aproximadamente veinte años viví la siguiente experiencia: acudí a visitar a un amigo en su casa. Después de conversar algún tiempo, decidimos ir al centro de la ciudad. De tal manera que no s dirigimos a la avenida donde circula (aún circula) el camión que no llevaría a nuestro destino. El primero en abordar el transporte fui yo, después mi amigo. Cuando me disponía a sentarme, mi amigo gritó desde la parte delantera del vehículo, justo a un lado del conductor: -¿No pagaste? Me volví y le respondí: -No, paga tú. “Sólo traigo lo de mi pasaje”, terminó y se fue a sentar. Apenado, le solicité al conductor si podría llevarme gratuitamente.

Si en ese momento hubiera conocido El viaje del cordero, la cabra y el perro, le habría contando la historia como moneda de cambio. Empezaría por contarle de lo maravilloso que resulta el ejercicio de la tradición oral, de cómo ésta conforma la identidad, de los privilegios de que la palabra escrita que trasciende tiempo y espacio. Haría un paréntesis para confesarle que entre los amigos, no nos decíamos wey, como lo hacen ahora, si no “perro”, sin saber que éramos cordero y cabra.

La cuarta de forros nos pone al tanto del origen y las versiones de esta historia: la que contaban los niños refugiados ruandeses antes de dormir; la de Viridienne, la maestra, y Luis Estepa Pinilla en francés; la de José Manuel Pedrosa, publicada en su libro La autoestopista fantasma y otras leyendas urbanas españolas.

De ésta última es de la que José Manuel Mateo nos presenta esta versión. Pero hay una más, la de Andrés Mario Ramírez Cuevas, quien ilustra esta edición.

Andrés Mario enriquece la historia con unos personajes que, en función de sus trazos, pueden llegar a ser entrañables: los rostros son tiernos, suaves, amigables (a excepción de la del perro, después de bajar el camión); con objetos y espacios cotidianos, de fácil identificación para los pequeños: cascaritas futboleras, equipajes, trayectos, medios de transporte, camión, ciudades, personas. Policromía que enmarca la versión rimada de Mateo.

Pero hay más. Hay algo que como lectores y como mediadores (categoría que incluye a los padres y madres de familia) no debemos olvidar. Así como hay una literatura que establece y fortalece estereotipos; hay otra que los rompe. Esta historia es de esas. Una historia que surge de las tinieblas de la guerra, la orfandad y el desamparo. Una historia que nos muestra la creatividad, la imaginación, la esperanza en medio de la desgracia. Una historia que nos recuerda la importancia de la palabra, de la literatura, en plena crisis.

Si la palabra destruye, también crea; si hiere, también acaricia; si maldice, también bendice; si olvida, también recuerda; y en ocasiones como esta, cuando está bien arropada por imágenes, devela el maravilloso mundo de la lectura.

El viaje del cordero, la cabra y el perro, un libro para leerlo muchas veces, y un pretexto para preguntarnos, y explicarnos, el por qué de las cosas.

Mateo, José Manuel y Andrés Mario Ramírez Cuevas (ilustraciones): El viaje del cordero, la cabra y el perro, México, conaculta, 2012, 46 p. (Libros para Soñar)

Texto leído durante la presentación de la obra en la ciudad de Zacatecas el miércoles 27 de marzo de 2013 y publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas el 1 de abril de 2013.

jueves, 14 de marzo de 2013

Los santos inocentes

El Libro Primero me recordó mucho a Rulfo, por el manejo de la oralidad y las descripciones que hace Delibes (Setién, Valladolid, España, 17 de octubre de 1920-Valladolid, España, 12 de marzo de 2010). La estructura narrativa da la sensación de que alguien nos cuenta la historia (como una narración oral): las recurrentes "y", la carencia de puntos (seguidos y finales), el "que yo digo".

En el Libro Segundo, encontramos una reiterada posición machista de Pedro, el Périto, y un desprecio infinito hacia las clases bajas. A tal grado, que hacer la Primera Comunión, es una locura de Nieves. Ni el conocimiento, ni el reino de Dios son para los pobres. 

Azarías, el anormal, es producto del capitalismo franquista español. Ya entregó sus mejores años, y pese a que su costumbre de mearse las manos no es reciente, ni secreta, sí constituye el pretexto para despedirlo. Para su misma hermana era un alivio que Azarías estuviera con el señorito. 

En el Libro Cuarto queda más expuesta la diferenciación clasista del ambiente. Se hace más explícita al momento en que Paco, el Bajo, hace las veces de perro de caza. El final de este libro tiene dos situaciones: una, la permanencia de Azarías en la finca (finalmente Miriam se compadece y aboga por él, incluso otorgándole algo de confianza), y los berridos de la Niña Chica. También el autor nos brinda más datos que posibilitan la ubicación temporal de la historia.

El señorito Iván es un tirano que busca el elogio constante. Por eso no le agrada el silencio del Quirce. Cuando Paco cayó, le preocupó más que fuera a suceder sobre su humanidad, que la condición física de éste. La salud del secretario importaba por su aporte a la cacería, no por el ser humano. El poder de Iván, sus abusos, son percibidos por Nieves, por ello y por su integridad le rehuye.

El título y el inicio del sexto y último libro me hicieron pensar que el crimen sería pasional o derivado de ese acercamiento del señorito Iván hacia Nieves. Sin embargo, el giro que dan los acontecimientos, cierran el círculo abierto en el Libro Primero. En general, me gustó la novela. Exige atención y curiosidad por parte del lector.

La edición está prologada por Santos Sanz Villanueva, y constituye un breve estudio en torno a la obra, su importancia y riqueza.

DELIBES, Miguel: Los santos inocentes, Madrid, Millenium, 1999, 93 p. (Las 100 Joyas del Milenio; 64)

lunes, 11 de marzo de 2013

Juan Rulfo

Alberto Vital (México, 1958) es para muchos el biógrafo oficial de Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno. Lo anterior debido a la especilización que ha tenido en torno a la vida y obra del tapatío, como al privilegio de acceder a los archivos personales del autor. 

En su libro Juan Rulfo, Vital nos acerca, de manera fluída, a los primeros años del autor de El llano en llamas. En el texto, podremos conocer datos y anécdotas, como la incertidumbre de su lugar de nacimiento (para unos Apulco, para otros San Gabriel, e incluso el año (1917 o 1918). De igual manera se nos esboza lo que constituyó su formación académica.

El estudio abarca vida y obra. Es así que se retoma el papel de Efrén Hernández como mentor en el estilo rulfiano y las lecturas que influyeron en el mismo. El capítulo más largo está dedicado a los cuentos publicados en El llano en llamas. Cada historia es analizada en el contexto que se desarrolla, dentro de la trama y enmarcada en la historia nacional. De hecho, aconsejo la lectura paralela de este capítulo y de los cuentos. El sentido se ampliará mucho para quienes tienen dificultades de comprender a Rulfo. Hay, desde luego, un capítulo especial a su novela Pedro Páramo.

Los dos últimos capítulos antienden a su obra El gallo de oro, llevada al cine bajo la dirección de Arturo Ripstein y con el nombre de El imperio de la fortuna; así como al silencio que guardó con obra nueva. El libro está ilustrado con muchas fotografías del mismo Rulfo. Juan Rulfo podría ser un texto introductorio a la obra de este gran escritor. El volumen se encuentra en los acervos de bibliotecas públicas, con la clasificación 928.61/R84/V43 y en Salas de Lectura.


VITAL, Alberto: Juan Rulfo, México, CONACULTA, 1998, 63 p. (Tercer Milenio).

lunes, 4 de marzo de 2013

Otro libro para iniciar en la promoción de la lectura

Conocí a Ana Arenzana (México, 1960) hacia 1996, en la ciudad de Morelia, Mich., con ella estaba Vivianne Thirion. Era un curso-taller para formar círculos de lectura, en un programa que iniciaba: Salas de Lectura. Ahí, nos obsequiaron un libro: Espacios de lectura: Estrategias metodológicas para la formación de lectores. Dicha obra fue escrita por la primera y Aureliano García.

El texto tiene una serie de sustentos teóricos en torno a la lectura. Hace una presentación general de la importancia de leer en nuestra sociedad, describe los estadios de desarrollo de la psicogenética piagetana, hasta proponer un pequeño conjunto de estrategias para animar a la lectura.

La estructura del libro, por capítulos, es la siguiente: como ya mencionamos, se abre con una serie de reflexiones y encuadre en torno a la lectura; se presenta un recorrido por el desarrollo cognitivo del individuo y cómo se pueden propiciar acercamientos significativos con el libro, desde los primeros años y en el hogar. El siguiente capítulo se enfoca en la escuela, las condiciones adecuadas para fomentar la lectura y el papel de maestro.

Los dos últimos capítulos nos introducen en la promoción de la lectura en espacios no académicos, como la biblioteca y los talleres de lectura. En estas páginas el lector encontrará consejos para delinear tanto actividades como metodologías. Finalmente, los autores nos comparten una serie de estrategias sencillas y aplicables en los diferentes espacios, así como un apéndice con consejos para narrar y leer en voz alta.

Esta obra puede ser un sustento valioso para aquellos que buscan formar lectores.

ARENZANA, Ana y Aureliano García: Espacios de lectura: Estrategias metodológicas para la formación de lectores, México, FONCA, 1995, 175 p.


viernes, 8 de febrero de 2013

Para los que quieren ser promotores de lectura

Dentro de la sociedad mexicana existe un panorama contradictorio hacia la lectura. Por un lado, es reconocida y valorada como una actividad que posibilita el desarrollo personal, pero por otro, los índices muestran que, a pesar de esa valoración, no es una actividad recurrente en la mayoría de la población.

Durante la década del ochenta, del siglo XX, comenzaron a surgir diversos proyectos en pro de formar lectores. Tanto personas como instituciones hicieron diversas propuestas. Guía para promotores de lectura, es el manual del proyecto Prolectura del CNCA.

Martha Sastrías (México), coordinó un equipo de especialistas para elaborar este libro. Dicho equipo estuvo integrado por Cristina Barros, Ana Arenzana, Marisol Schulz, Alma Sepúlveda y Gerardo Amancio.

El texto es bastante esclarecedor y práctico para todas aquellas personas que deseen iniciarse en la promoción de la lectura (y aún para quienes llevan años en ello y requieran recordar algunos fundamentos).

Dividido en siete capítulos, el libro aborda el tema de la siguiente manera: 

El capítulo uno, ahonda en torno al origen y necesidad del proyecto Prolectura; el segundo capítulo ofrece un panorama conceptual de leer, lectura y lector; del panorama histórico de la lectura en nuestro país y de los programas realizados en la época (el libro se editó en 1990). El capítulo tres muestra, brevemente, algunos aspectos de los libros infantiles.

El cuarto capítulo está conformado por unos sencillos tips para narrar y leer en voz alta. Los capítulos cinco y seis, se encargan del juego y su papel dentro de la formación de lectores. Finalmente, el último capítulo ofrece algunas ideas para organizar actividades concretas.

Si el lector no está familiarizado con la literatura infantil y juvenil, o no sabe con qué títulos iniciar una actividad, el mismo texto añade dos apartados de sugerencias: el primero con literatura infantil y el segundo con bibliografía que apuntalará la formación del promotor que así lo deseé.

Esta obra es muy recomendable, como ya lo mencioné, para quienes desean incursionar en el mundo de la promoción de la lectura. La Red Nacional de Bibliotecas, del CONACULTA, lo tiene, con la clasificación 0028.55/G84

SASTRíAS, Martha (coord.): Guía para promotores de lectura, México, INBArtes-CNCA, 1990, 158 p.