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martes, 26 de abril de 2011

La coma que te comiste.

Escribir no es fácil. Escribir bien es más difícil aún. A la par de la ortografía, dolor de cabeza para mucha gente y menospreciada por un Premio Nobel, el uso adecuado de los signos de puntuación es otro fantasma que no es derrotado (debo confesar que al momento de escribir estas líneas, no dejo de sentir inquietud por la posibilidad de morderme la lengua, y en este caso, los dedos).

José Antonio Millán (Madrid, 1954), es un reconocido lingüista de redacción amena. En  ¡Me como esa coma!, nos ofrece un sencillo manual ilustrado que aborda de manera divertida los usos de ese signo de puntuación. Las ilustraciones de Emilio Urberuaga (Madrid, 1954), creador de Manolito Gafotas, son sumamente divertidas. El sitio web del autor es: http://juanjosemillan.es/ .

Si usted o algún conocido tiene dificultades, o muestra escepticismo y desprecio por la ortografía o los signos de puntuación, este es un buen regalo, por práctico, divertido y llamativo. Seguramente le refutarán que es un libro infantil, pero cuando lean el contenido, se percatarán que leer y poner en práctica el contenido, no tiene que ver con edades.

MILLÁN, José Antonio: ¡Me como esa coma!, ¡Glups! Parece que la puntuación es importante... España, Océano/Serres, 2007, 32 p.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Tecnologías de la palabra









Todos hemos oído decir que una imagen vale más que mil palabras. Pero si esta declaración es cierta, ¿por qué tiene que ser dicho? Porque una imagen equivale a mil palabras sólo en circunstancias especiales, y éstas comúnmente incluyen un contexto de palabras dentro del cual se sitúa aquélla.
Walter J. Ong


¿Alguna ocasión se ha preguntado cómo sería un mundo sin escritura? Si no es así, hagámoslo como mero ejercicio mental. Imagínese, como muestra terrenal o incluso pueril, que se dispone a realizar las compras domésticas de cada semana, dado que no existe escritura (y no estamos hablando de una escritura alfabética únicamente), usted tendría que memorizar la lista del mandado, ¿complicado?, bien ahora piense en todas las acciones que realiza día a día y las cuales se apoyan en la palabra escrita. Sin lugar a dudas la escritura forma parte de nuestra vida cotidiana aunque muchas ocasiones no lo percibimos.
Walter J. Ong (n. 30 de noviembre de 1912; m. 12 de agosto de 2003), en Oralidad y escritura: tecnologías de la palabra (fce, reim. 2009)
realiza un minucioso estudio del devenir de la palabra. Las primeras civilizaciones que transmiten y heredan sus conocimientos, cultura, fe, mediante el único registro de la voz, son para Ong, culturas orales primarias. En otras palabras, culturas que desconocen la escritura. A la par que cuestiona el término "literatura oral", ya que para la literatura es fundamental la escritura.
Abrevando de otros estudios, sobre todo de la primera mitad del siglo xx, conforma toda una explicación de cómo les era posible a los griegos memorizar las épicas batallas y aventuras de la obra homérica. Una respuesta a lo anterior son las fórmulas que sirven como recurso para una fácil memorización. Si regresamos al ejemplo de la lista de compras y aplicando una fórmula podríamos obtener un resultado más o menos similar a lo siguiente: "los ardientes jitomates", "la plañidera cebolla", "el nopal de jugos ligeros", etc.
Precisamente en la Grecia antigua es donde encontramos paradojas en torno a la aparición de la escritura. Siendo esta una cultura oral, menospreciaban a la escritura. Los discursos de los grandes oradores primero se decían y posteriormente se escribían. Platón, en su diálogo Fedro, expone los riesgos de la escritura entre los que destacan: "es inhumana al pretender establecer fuera del pensamiento lo que en realidad sólo puede existir dentro de él", "destruye la memoria", "el texto no produce respuestas" y "la palabra escrita no puede defenderse". A pesar de todas estas objeciones, fueron precisamente las palabras escritas las que nos han permitido conocer el pensamiento de aquellos sabios.
Ong establece que la escritura no puede existir sin la oralidad, en tanto la relación inversa se presenta a menudo. La oralidad primaria genera un pensamiento y un discurso con las siguientes características: son acumulativas antes que subordinadas y analíticas, conservadoras y tradicionalistas, redundantes, cercanas al mundo humano vital, de matices agonísticos, empáticas y participantes, homeostáticas (privilegian el presente y desechan el pasado que no es útil) y situacionales antes que abstractas.
La oralidad primaria cohesionó a las sociedades. La aparición de la escritura dio paso a otra forma de oralidad, la oralidad secundaria. Ésta, siguiendo a Ong, se presenta en sociedades donde la escritura modificó la cosmovisión del ser humano, lo hizo más introspectivo, lo aisló del grupo pero lo comunicó con otros seres humanos a pesar del tiempo y la distancia, posibilitó los textos religiosos. Este tipo de oralidad necesita de la escritura para llevar a efecto sus propósitos.
Otro apartado importante en esta obra lo constituye la aportación de la escritura al desarrollo del género narrativo, en particular, el detectivesco. Quien lea este texto se brindará la posibilidad de reflexionar en torno a la importancia de la palabra (oral y escrita) y entenderá mejor el debate actual del libro versus las tic's.

Los 1001 años de la lengua española

Hace algunos años hubo un personaje zacatecano (de cuyo nombre no debo acordarme) que ostentando un cargo directivo de una institución cultural pública, se presentaba en foros nacionales tales como Congresos, Jornadas, Encuentros, etcétera y leía ponencias que otros le hacían. Una de las ideas recurrentes en todos sus discursos era el escaso presupuesto asignado a su institución, matizado por la célebre frase "y cuando haiga más dinero, más cosas haremos". Entre los funcionarios homólogos de otras entidades federativas era conocido como "El haiga".


¿Cuántos de nosotros no conocemos al menos una persona que habla así? O que digan murciégalomesmotrujealderredorarrejuntarmáiz, entre otras muchas otras palabras. Y cuántas veces en un afán "civilizador" hemos corregido tales vocablos. Pues bien, dice Antonio Alatorre (25 de julio de 1922, Autlán, Jalisco) que decirlos, es mantener vivas formas que siempre han existido en el español. Formas vivas que se enfrentan, suprimen, complementan, enriquecen nuestro lenguaje.


Alatorre, toda una autoridad en filología y literatura, aborda la historia de nuestra lengua como si fuera una biografía de alguien en su libro Los 1001 años de la lengua española (México, 2002, fce) y nos lleva de una manera accesible a conocer y reflexionar en torno al idioma castellano. Ejemplo de ello es la leyenda que gestó la palabra "capilla", aquélla donde San Martín de Tours si quitó la capa y la cortó en dos, dando la mitad a un mendigo con la finalidad de que cubriera su desnudez, y ese mendigo resultó ser Cristo. Cappa es capa en latín vulgar y cappella su diminutivo (la mitad de la capa era una capita). Después se levantaron muchas iglesitas que decían tener la cappella de aquél mendigo. Ahí el origen de capilla.


Al descubrir que nuestro idioma tiene genes indoeuropeos, latinos, árabes, franceses, anglosajones, a los cuales después se integraron los de origen americano y darnos cuenta que muchas de esas voces las seguimos utilizando, el vocabulario adquiere otra dimensión, incluso una palabra que se dice a menudo, vuelve a adquirir la carga mística con que fue concebida: es el caso de ojalá.


¿Alguna ocasión se pensado cuál es el género de agua, águila, hambre? Claro, son sustantivos femeninos, sin embargo muchas veces van precedidos de un artículo masculino, es decir, escribimos o pronunciamos el agua, el águila, el hambre. Este fenómeno tiene su origen en la Edad Media, donde el artículo se designaba según si la palabra que le acompañaba iniciaba o no con vocal. (santa María, sant Olalla, doña Sol, don Elvira).


El contar con una lengua propia y hasta cierto punto unificada posibilitó que se sistematizara la gramática y floreciera la literatura. Todos (los que podían leer y escribir) querían jugar y crear con el lenguaje, al grado que Hernán González de Eslava afirmaba que "Hay más poetas que estiércol". Surge asimismo la novela (las de caballería que tanto perturbaron a Don Quijote, fueron de los materiales de lectura más demandados).



Podríamos seguir contando algunos ejemplos de cómo han surgido más palabras (por ejemplo gachupín), pero mejor le dejamos la oportunidad que consulte este libro y descubra con la lectura un mundo inmenso: el idioma español. Y no nos vaya a suceder como el funcionario aludido, que fue casi análogo al burro que tocó la flauta, con la diferencia de que el primero no sabía qué era una flauta.