Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Historia. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de abril de 2016

Una historia de la lectura

A mi juicio, uno de los errores que se presentan al promocionar la lectura es concebirla como un acto abstracto y uniforme para todos los lectores. Tal percepción tiene como consecuencia resultados contrarios a los pretendidos. Alberto Manguel (Bueno Aires, Argentina, 1948) hace un exquisito recorrido por anécdotas y situaciones de lectura en la cotidianidad de los hombres. Personajes de carne y hueso que hicieron del libro un objeto de culto, pero también la extensión de la mente que dijo Borges. A partir de lo anterior el viaje por las formas, los espacios, los propósitos, los tipos de lectura da cuerpo a esta obra.

Una historia de la lectura da inicio con un texto que expone en todo su esplendor aquella máxima de Paulo Freire: “La lectura del mundo antecede a la lectura de la palabra”. “La primera página” despoja a quienes no acostumbran leer de todos los prejuicios que se enfrentan socialmente y brinda la confianza para saber que somos lectores. Ese es el inicio para un recorrido que no está estructurado cronológicamente, sino por ejes temáticos, mismos que arropan al lector en cada acto de lectura. Éstos son cinco: “La última página”, “Lecturas”, “Los poderes del lector”, “El último pliego” y “Anexos”.

La segunda parte, “Lecturas”, aborda a la lectura desde distintas aristas, éstas son: “Lectores de sombras” expone brevemente el procesos fisiológico y mental del proceso lector; “Los lectores silenciosos” nos recuerda que no siempre se leyó en silencio; “El libro de la memoria” es un recuento de casos extraordinarios donde la memoria fue herramienta indispensable contra la libertad de leer; “Aprender a leer”, nos lleva por algunos métodos y prácticas en la enseñanza de la lecto-escritura; “La primera página ausente”, reflexiona en torno a las construcciones mentales y evocaciones que una lectura provocan en el lector; “Lectura de imágenes”, es un viaje en la historia del libro ilustrado; “Leer para otros”, es un paseo por diversos momentos históricos de la lectura en voz alta; “Las formas del libro”, apoyándose en algunas ilustraciones, que el libro no siempre ha sido tal y como lo conocemos hasta nuestros días; “Lectura privada”, expone, entre otros tópicos, los espacios de lectura; “Metáforas de la lectura”, analiza cómo las lecturas configuran lo que somos.

La tercera parte, “Los poderes del lector”, a su vez se divide en los siguientes capítulos: “Principios”, va hacia los primeros vestigios de la palabra escrita; “Ordenadores del Universo”, nos lleva por los pasillos y estantes de bibliotecas emblemáticas y los esfuerzos humanos por organizar todo la información resguardada en los libros; “Leer el futuro”, narra cómo uno de los propósitos de lectura ha sido el vaticinar lo que viene; “El lector simbólico”, hace un recuento de circunstancias en las cuales el libro confiere a su poseedor un estatus cultural y social; “Lectura entre paredes”, presenta las estrategias que siguieron algunas mujeres para acceder a la lectura; “Robar libros”, centra la narración en la figura de Guglielmo Libri, famoso ladrón bibliográfico; “El autor como lector”, hace un inventario de algunos autores que leían sus textos en público, como Dickens; “El traductor como lector”, pone sobre la mesa la discusión y crítica de hasta dónde pierde belleza el lenguaje con las traducciones; “Lectura prohibida”, recapitula momentos históricos en que la lectura fue vedada para algunos sectores y de la censura. Finalmente, “El último pliego”, es el colofón a tan placentero y sorprendente viaje.

Como lo mencioné en el primer párrafo las anécdotas son parte fundamental de este libro, escrito de manera ágil y accesible, sin caer en lugares comunes.


Manguel, Alberto: Una historia de la lectura, México, Almadía, 2011, 578 p.

miércoles, 29 de febrero de 2012

Historia de la lectura en el mundo occidental

A la par de la falsa idea de que leer es un concepto general y abstracto, entre la sociedad permea la idea de que siempre se ha leído igual. Guglielmo Cavallo (Carovigno, Italia, 1938) y Roger Chartier (Lyon, Francia, 9 de diciembre de 1945), dirigen a un colectivo de estudiosos de la historia de la lectura. Partiendo de que la lectura se realiza en el encuentro e intercambio entre texto y lector, los ensayos de este volumen transitan desde la antigua Grecia hasta los años ochenta del siglo XX.

 La introducción es un texto, por sí, imperdible. El fragmento donde los directores abordan los contrastes de la lectura brinda luminosidad en torno al acto lector. La singularidad y colectividad de leer quedan de manifiesto cuando el concepto del acto lector, se concibe más allá de una mera operación intelectual. Asimismo, Cavallo y Chartier, exponen las diferencias entre el discurso hablado, el discurso escrito y su relación con la lectura.

En las páginas de esta obra encontraremos la transición de la lectura en voz alta a la lectura silenciosa, sabremos que los lectores nunca han sido mayoría, que los griegos relacionaban la comunicación escrita con la pederastia.

Las funciones de las bibliotecas públicas también han ido modificándose en el tiempo, las formas y espacios de lectura no son ajenos a dichas transformaciones. El ensayo de Armando Petrucci, "Leer por leer: un porvenir para la lectura", puede ofrecer tranquilidad a quienes se angustian y reprueban que se lea literatura "de poca calidad".

Dos de los ensayos, para mis referentes, más complicados son los de Jean-Francois Gilmont ("Reforma protestante y lecturas") y Dominique Julia ("Lecturas y Contrarreforma). Mi desconocimiento de la Reforma y Contrarreforma, su impacto histórico, fue una limitante para explotar con mayor éxito el texto.

Historia de la lectura occidental es una obra que mucho aportaría a los promotores de lectura y a los interesados en el tema.

CAVALLO, Guglielmo y Roger Chartier (dir.): Historia de la lectura en el mundo occidental, España, Taurus, 1998, 584 p. (Pensamiento)

miércoles, 18 de agosto de 2010

Los 1001 años de la lengua española

Hace algunos años hubo un personaje zacatecano (de cuyo nombre no debo acordarme) que ostentando un cargo directivo de una institución cultural pública, se presentaba en foros nacionales tales como Congresos, Jornadas, Encuentros, etcétera y leía ponencias que otros le hacían. Una de las ideas recurrentes en todos sus discursos era el escaso presupuesto asignado a su institución, matizado por la célebre frase "y cuando haiga más dinero, más cosas haremos". Entre los funcionarios homólogos de otras entidades federativas era conocido como "El haiga".


¿Cuántos de nosotros no conocemos al menos una persona que habla así? O que digan murciégalomesmotrujealderredorarrejuntarmáiz, entre otras muchas otras palabras. Y cuántas veces en un afán "civilizador" hemos corregido tales vocablos. Pues bien, dice Antonio Alatorre (25 de julio de 1922, Autlán, Jalisco) que decirlos, es mantener vivas formas que siempre han existido en el español. Formas vivas que se enfrentan, suprimen, complementan, enriquecen nuestro lenguaje.


Alatorre, toda una autoridad en filología y literatura, aborda la historia de nuestra lengua como si fuera una biografía de alguien en su libro Los 1001 años de la lengua española (México, 2002, fce) y nos lleva de una manera accesible a conocer y reflexionar en torno al idioma castellano. Ejemplo de ello es la leyenda que gestó la palabra "capilla", aquélla donde San Martín de Tours si quitó la capa y la cortó en dos, dando la mitad a un mendigo con la finalidad de que cubriera su desnudez, y ese mendigo resultó ser Cristo. Cappa es capa en latín vulgar y cappella su diminutivo (la mitad de la capa era una capita). Después se levantaron muchas iglesitas que decían tener la cappella de aquél mendigo. Ahí el origen de capilla.


Al descubrir que nuestro idioma tiene genes indoeuropeos, latinos, árabes, franceses, anglosajones, a los cuales después se integraron los de origen americano y darnos cuenta que muchas de esas voces las seguimos utilizando, el vocabulario adquiere otra dimensión, incluso una palabra que se dice a menudo, vuelve a adquirir la carga mística con que fue concebida: es el caso de ojalá.


¿Alguna ocasión se pensado cuál es el género de agua, águila, hambre? Claro, son sustantivos femeninos, sin embargo muchas veces van precedidos de un artículo masculino, es decir, escribimos o pronunciamos el agua, el águila, el hambre. Este fenómeno tiene su origen en la Edad Media, donde el artículo se designaba según si la palabra que le acompañaba iniciaba o no con vocal. (santa María, sant Olalla, doña Sol, don Elvira).


El contar con una lengua propia y hasta cierto punto unificada posibilitó que se sistematizara la gramática y floreciera la literatura. Todos (los que podían leer y escribir) querían jugar y crear con el lenguaje, al grado que Hernán González de Eslava afirmaba que "Hay más poetas que estiércol". Surge asimismo la novela (las de caballería que tanto perturbaron a Don Quijote, fueron de los materiales de lectura más demandados).



Podríamos seguir contando algunos ejemplos de cómo han surgido más palabras (por ejemplo gachupín), pero mejor le dejamos la oportunidad que consulte este libro y descubra con la lectura un mundo inmenso: el idioma español. Y no nos vaya a suceder como el funcionario aludido, que fue casi análogo al burro que tocó la flauta, con la diferencia de que el primero no sabía qué era una flauta.