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miércoles, 9 de abril de 2014

La vaca

Una de las mentiras que se enarbolan como beneficio de la lectura está en que el individuo que lee se transforma en mejor persona. Pensar en estos términos es conferirle una mágica característica a la lectura, como si el lector fuera objeto de la lectura y sólo respondiera mecánicamente a ésta, al margen del nivel de comprensión establecido.

Hay, y constantemente se olvida, distintos tipos de lectura, así como distintos propósitos para leer. Dependerá de unos y de otros lo que el lector obtenga de un texto, aunado a lo que Emilio Sánches Miguel llama "compromiso". Uno de los tipos de lectura es la utilitaria, esa en la que a partir del texto se hace algo (y aquí mismo encontramos el propósito). Todo lo anterior, regularmente, se olvida u omite desde el ámbito escolar y en la vida cotidiana.

Si a lo anterior sumamos la mala o nula educación emocional, tenemos un nicho de mercado bastante atractivo para algunos escritores y casas editoriales. He aquí la "trampa" de muchos títulos de superación personal y autoayuda.

La vaca de Camilo Cruz repite un esquema muy utilizado en la superación personal: a partir de una historia, una anécdota o una enseñanza (preferentemente no occidentales) se desarrolla una serie de preceptos y recetas, que en resumen, son la misma idea pero con varias vueltas.

Para el caso la anécdota del monje que muestra al discípulo la existencia y problemática que son "las vacas", dadas por los pretextos, las concepciones y paradigmas con que fuimos educados. La pretensión del autor (además de vender) es la de mostrar y hacer conscientes esas "vacas" que todos, o casi todos tenemos.

El libro tiene inconsistencias. La primera está en las primeras páginas, dedicadas a la recomendación en la obra por otras voces. Cito a Luis Fernando Suárez, director técnico de la selección de fútbol de Ecuador:

"Señores, vamos a jugar un mundial. ¡Maten sus vacas! Estas fueron las palabras del director técnico de la selección ecuatoriana de fútbol a su plantel de 23 jugadores, cuando les regaló a cada uno el libro La vaca para que lo leyeran antes de salir para el campeonato mundial.
En concreto: o el libro no sirvió, o los jugadores no lo leyeron, porque Ecuador no ganó la Copa del Mundo, que es el fin último al acudir al certamen. Y el mismo Cruz, más adelante, asegura que una vaca está representada por la frase "lo importante no es ganar o perder sino competir".

Por otro lado, pese a contar con una breve bibliografía, hace alusiones a estudios pero sin citar la fuente, lo cual resta seriedad al trabajo de investigación. Aunado a lo anterior, por un lado identifica a los proverbios, dichos y aforismos como "vacas" que no nos permiten crecer y nos programan (tal es el caso del famoso "zapatero a tus zapatos"), pero por otro se apoya en sentencias, sobre todo si vienen de sus amigos: "El problema Camilo, es que los cerdos no saben que ellos huelen mal".

Hay un apartado donde aparecen opiniones de personas que han experimentado un cambio radical positivo en su vida, a partir de la lectura de La vaca. Sin embargo, los testimonios tienen una redacción que oscila entre una calidad aceptable a buena, por lo mismo genera sospechas de manipulación.

Un cuestionamiento constante que hago a este tipo de libros es que enarbolan la posesión de la verdad absoluta, y dejan en segundo plano temas importantes como la Programación Neuro Lingüística, como es en este caso. En las antípodas, una frase me pareció rescatable: "o nos convertimos en víctimas de las circunstancias adversas que estemos enfrentando, o triunfamos a pesar de ellas."

Uno puede, o no, leer La vaca o cualquier título, pero si no tiene la disposición a cambiar, seguirá siendo el mismo hijoeputa de todos los días.

CRUZ, Camilo: La vaca: Una historia sobre cómo deshacernos del conformismo y las excusas que nos impiden triunfar, México, Taller del Éxito, 2012, 190 p.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, mayo 5 de 2014.



lunes, 5 de marzo de 2012

El queso que me supo rancio

Había visto este título en muchos estantes, principalmente de cadenas comerciales y de autoservicio. Nunca me llamó la atención. Ello, debido a mis prejuicios y juicios en torno a los textos de autoayuda. Trataré, pues, de comentarlo en dos vertientes. La de los objetivos y propósitos del autor, que empatan con los objetivos y propósitos del lector, y la vertiente del estilo de redacción y la calidad de la misma.

Spencer Johnson es de esos autores que observan la carencia de una educación emocional en la mayoría de los seres humanos. De ahí surge la primera vertiente mencionada. Johnson es psicólogo de profesión. Seguramente se percató, en sus consultas, de que la resistencia al cambio era una situación regular entres sus pacientes. Y descubrió, además, un gran nicho de mercado.

Regularmente, el lector de libros de autoayuda y superación personal se encuentra en una encrucijada en su vida. Espera que alguien le de un consejo práctico que remedie su situación. Como vemos, los propósitos se encuentran y se complementan. Sin embargo, no hay que pasar de lado el hecho de que cada cabeza es un mundo. Es decir, estos libros, que para muchos son como fórmulas mágicas hacia la felicidad o recetas de cocina, no siempre consideran las circunstancias concretas de cada lector.

Para el caso de ¿Quién se ha llevado mi queso?, el uso de una historia para hacernos conscientes del cambio constante en que vivimos y nuestra capacidad de adaptación al mismo, funciona en la medida de los propósitos del autor. De una manera por demás clara, usa a un par de ratoncitos, y otro par de seres humanos diminutos para ilustrar su postura (que es un conocimiento oriental). No obstante, en función de esa claridad se confunde al lector. La historia es presentada como un cuento, cuando en realidad no lo es. Podría aspirar a ser una fábula, por lo elementos que la conforman, pero un cuento jamás. El lenguaje es en sí, pobre.

Quizá alguien argumente, con justa razón, que Johnson no es literato. Cierto. Pero en virtud de esa verdad, debería de dejar de confundir al lector. ¿Quién se ha llevado mi queso? es una opción para quienes padecen alguna crisis, pero no la mejor, a pesar de los elogios plasmados en la contraportada y en la portada misma.

JOHNSON, Spencer: ¿Quién se ha robado mi queso?, España, Ediciones Urano, 2001, 112 p.